Una Ventana Literaria

Hernán León Velasco

Un espacio dedicado a la Asociación de Escritores y Poetas Chiapanecos, A.C.

Jorge Éver González Domínguez [email protected]

I
Mientras amanece, escribo
y pienso en los árboles
que miro a través de la ventana.

A lo lejos ellos están solos, enteros,
en la perfección de la misma sombra.

A veces caen de rodillas
derribados por el viento
o la mano del hombre.

Miro también con tristeza
que nadie se detiene para sentir
el suave aroma de sus hojas
que son hijas de la noche.

Están aquí para que descanse el sol
y resguarden el agua, la sangre, la vida.

II
Me levanto con la memoria
dispuesto a terminar la noche
con la gracia que dejan los recuerdos.

Hablo con las hojas.

Instruyo a mis pasos, les grito:
vuelvan a su origen,
busquen los caminos.

Lavo las palabras, la iniquidad, la soberbia
la ráfaga y el estruendo del troglodita
que transpone el estupor del tiempo.

Depuro la resistencia, la eternidad,
el nacimiento, la talladura de la estatua que multiplica
la esperanza y reparte los días de la tregua.

Mientras vivo me dispongo a morir
y muero, lo dice el amor, lo afirma el corazón del árbol,
la profundidad del río, el viento de los días.

Muero un poco, lo grita la distancia, la soledad que atesora
la desdicha, el dolor, la despedida.

Me espera el vientre de las piedras,
el delirio de los siglos, la contradicción de la tormenta
con su final de vértigo, su vuelo que explora otra vez
con tenacidad la lejanía del regreso.

Pero estoy aquí por el último abrazo
de todas las cosas y por el último respiro
que doy a la vida.

Mientras tanto río con todo el fragor de la risa
y vivo con todo el amor de la Tierra.

III
Las palabras
no dirán toda la verdad
aún sean las verdaderas.
Quien no aprende
a descansar de la luz
jamás descubrirá las sombras.

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