Roberto Albores, malagradecido y patético

Ahora resulta que el junior de Roberto Albores Gleason quiere encabezar un movimiento de causas sociales. Se llena la boca en entrevistas vía Zoom, pues opera desde su casa en Mérida o la Ciudad de México.

En algunas reseñas periodísticas presume diciendo que sí lo van a ver en las boletas electorales de la elección de 2024 para gobernador del estado de Chiapas. Sin embargo, muy listo, para no quemar cartucho ante sus oponentes visibles, no dijo si en verdad es para la gubernatura, o alguna diputación, senaduría o ya de perdis, para la alcaldía de Comitán, de donde intenta decir que es originario.

Por otro lado, para tratar de no ser objeto de alguna llamada de atención del Instituto Electoral y Participación Ciudadana tiene impedido “por ley”, decir porqué partido participará, aunque se dice que ya está apalabrado con el Partido Verde Ecologista de México. Bueno, el color del instituto político qué importa, puede ser Morena o hasta Movimiento Ciudadano, lo verdaderamente chaquetero es que cambie de partido “por así convenir a sus intereses, mas no para los ciudadanos”, que es a quienes los políticos se deben.

Lo criticable no son sus aspiraciones, lo que no es de hombres cabales, es que deje de participar en la formación de cuadros, de ser gestor sin que necesariamente sean tiempos electorales. Si en el 2018 perdió la elección para gobernador no tenía por qué irse a refugiar a su casa. Al contrario, habrá que estar vigente, participando en debates, ayudando al partido que lo cobijó, el Partido Revolucionario Institucional.

Lo que no coincide en su práctica y cómoda vida es que ahora, tres años después, aparezca, como los cometas, presentándose como el gran salvador de las causas sociales. Claro, primero echa estiércol contra las dirigencias del PRI.

Se dice un hombre más preparado, más maduro, con más experiencia. Lógico que en la vida ese proceso nos conduce a ser, regularmente, más sabios en lo que decimos y hacemos. Y si Albores Gleason habla de madurez, acaso no hubiese sido mejor reencauzar sus aspiraciones con el partido que lo vio nacer y responderle con creces a los hombres y mujeres que él dice creen en él.

No hay nada en esta vida que sea más patético que se crean los que tienen la varita mágica para resolver los problemas de Chiapas. Los tiempos han cambiado y no porque sea el hijo de un ex gobernador de Chiapas las tiene todas consigo. Tener maestrías en universidades extranjeras de alto prestigio no te pule de humildad o peor aún, de ser un mago para escupir para arriba que ahora “soy el mejor”.

En Chiapas, por si desconoce el fondo de los problemas, aunque presuma que ha recorrido la entidad varias veces, se requiere de mucha sapiencia y paciencia para ir resolviendo lo que aqueja al productor, al campesino, al prestador de servicios.

Insistimos, es vergonzoso que diga que es motivante estar en la política para transformar la vida de la gente si en sus años de diputado y senador no hizo nada, menos como funcionario público. A quién quiere engañar que es el salvador de esta entidad.

La frase cursi de que la sociedad “está ávida de propuestas y resultados”, la población ya la tiene registrada como el discurso demagógico que utilizan los dizques “políticos” en época de elecciones. Afortunadamente ya se despertó y no es tan fácil engañarlos.

Lo que sí creemos, contrario a su perorata, es que los partidos que no entiendan el cambio, que no tengan autocrítica, que reciban a chapulines que hacen su aparición pública cada tres o seis años, no deben ser premiados como liderazgos auténticos. 

Además, no se habla en contra de nadie por gusto, el eco ciudadano se vive hoy justamente en las redes sociales, reflejo de lo que la sociedad opina y es precisamente que no cumplen su palabra, ofrecen por ofrecer, como si al Estado, una vez estando en el poder, le sobrara la paga. Esos pequeños detalles no se estudian, simplemente se aplican en la práctica.

Albores asegura que no le ocupan las descalificaciones que él llama mentirosas de la gente. Qué bien que así sea, pero sí debe preocuparle para explicarle a la ciudadanía, a los que creyeron en él, porqué desapareció y en su resurgir mágico, lo hará por otra opción política. Ahora que el PRI anda de capa caída se le hace muy fácil huir y no dar la cara para retribuir lo que el instituto le dio; a ello se le llama ser malagradecido, así de simple. 

“Hay que emigrar, el PRI es un partido tradicional”, dijo muy solemne, pero se le olvida muy a menudo que este instituto lo parió y lo acuerpó. Bueno, suele suceder en dizque ultra políticos que se creen la divina ciencia, son dramáticos”.

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