Obesidad y depresión,
patologías peligrosas

Francisco Mendoza / Diario de Chiapas
La depresión y la obesidad son patologías altamente prevalentes y constituyen los principales problemas de salud pública. Estas enfermedades tienen un gran impacto en la morbilidad y mortalidad de los pacientes, afectando tanto su salud como su bienestar. Además, generan consecuencias socioeconómicas debido al deterioro funcional y el elevado gasto de recursos en salud.
Luis de Jesús Zamudio Peña, jefe del Departamento de Medicina Preventiva y Epidemiología del Instituto de Seguridad Social de los Trabajadores del Estado de Chiapas (ISSTECH), señaló que estas patologías están relacionadas, pero que la obesidad tiene una influencia mayor en la depresión.
“En cuanto a la relación entre la depresión y la obesidad, observamos que la influencia predominante es de la obesidad hacia la depresión. Uno de los estados depresivos que debemos tener en cuenta en estos pacientes es que tienden a desarrollar otros hábitos extremos, como dejar de comer o comer en exceso”.
Afirmó que en muchos casos, las personas con obesidad o obesidad mórbida son objeto de burlas o insultos debido a su peso, lo cual los coloca en un conflicto interno y puede desencadenar consecuencias depresivas.
Los resultados de estudios epidemiológicos, ensayos clínicos y metaanálisis respaldan la asociación entre los estados depresivos y la obesidad, ya que ambos ocurren de manera concurrente en todas las razas y poblaciones evaluadas.
“En un estado depresivo, donde uno se encuentra en completa apatía y falta de interés en muchas cosas, incluyendo la actividad física, se tiende a llevar una vida sedentaria, lo que puede llevar a la obesidad”.
En Chiapas, según la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición 2018, el porcentaje de prevalencia de sobrepeso es del 27.71 por ciento, mientras que para la obesidad es del 21.64 por ciento.
Sería beneficioso investigar específicamente la presencia de trastornos depresivos en individuos con sobrepeso u obesidad, así como el aumento de peso en personas con depresión.
“En cuanto a las medidas preventivas, es importante enfocarse en evitar la obesidad”.
Según la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición (ENSANUT 2018), en México, el 39.1% de los adultos de 20 años o más tienen sobrepeso, y el 36.1% tiene obesidad (lo que representa un 75.2% en total). En cuanto a los niños de 0 a 4 años, el 22.2% tiene riesgo de sobrepeso, mientras que en el grupo de 5 a 11 años, el 35.6% muestra esta condición.
“La depresión también debe ser monitoreada, ya que no solo conlleva una disminución de la actividad, sino también una pérdida de interés en muchas cosas”.
México ocupó el quinto lugar en obesidad a nivel mundial en 2022 y se estima que la cifra aumente a 35 millones de adultos para la próxima década, según la Federación Mundial de Obesidad.
Ante esta situación, es necesario que, en caso de tener un familiar con estas patologías, se le anime a buscar ayuda de un especialista para evitar complicaciones graves como diabetes, hipertensión o trastorno depresivo mayor (TDM).

Adolescentes y jóvenes
La prevalencia de la obesidad está aumentando en todas las edades, siendo los adolescentes el grupo con la tasa de incremento más alta. Esto sugiere que pueden existir factores psicosociales durante la adolescencia que predispongan a la obesidad en la edad adulta.
“En muchas ocasiones, encontramos que las dificultades para perder peso o mantenerlo no se deben únicamente a hábitos inadecuados de alimentación o falta de actividad física, sino que están fuertemente relacionadas con los niveles de ansiedad y depresión, y estas dificultades se intensifican en jóvenes con obesidad severa”.
Explicó que diversas investigaciones indican que la obesidad en los jóvenes frecuentemente se presenta junto con otras patologías, como depresión, problemas de conducta, trastornos de ansiedad y, en general, una mayor presencia de psicopatología, especialmente en jóvenes con obesidad crónica.
En este sentido, mencionó que la ansiedad y la depresión tienen una amplia gama de consecuencias para los adolescentes y pueden ser precursoras del desarrollo de trastornos de la alimentación.
Se estima que un tercio de los jóvenes con obesidad que buscan tratamiento ya presentan trastornos de la alimentación, y se calcula que el 75% de estos jóvenes experimentarán ansiedad a lo largo de su vida.
“La comorbilidad entre depresión y trastornos de la alimentación está bien establecida; además, se ha demostrado que la presencia de síntomas elevados de depresión en la obesidad predice la aparición de otros trastornos de la alimentación, como la bulimia o el síndrome de sobreingesta”.
La presencia de estos factores interfiere en el tratamiento de la obesidad en niños y adolescentes, y su identificación puede ayudar a mejorar la adherencia a hábitos de vida saludables y, por lo tanto, prevenir complicaciones asociadas a la obesidad.
El tratamiento de la obesidad en niños y adolescentes es una prioridad tanto médica como social debido a las repercusiones físicas y psicológicas que conlleva, así como la carga asistencial que representa para los servicios de salud.
Por esta razón, el funcionario destacó la importancia de que cualquier patología, ya sea depresión u obesidad, que presente un niño o adolescente, sea atendida lo más pronto posible para garantizar una recuperación sostenida que les permita tener una vida adulta de mayor calidad.

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