30 de junio de 1520

Jorge Alberto Rincón Acebo [email protected]

Hace 503 años acaeció la noche victoriosa Azteca, Mexica, Tenochca.
Cuitláhuac, Huey Tlatoani de Tenochtitlan -cuyo nombre real era Cuauhtláhuac, pero una malsana traducción de La Malinche lo dejó como Cuitláhuac o caca seca- se percata de la huida silenciosa de las huestes castellanas.
Caballeros Águila, Jaguar y Calavera, los atacan con armamento de la edad de piedra, contra aceros y armas de fuego.
Triunfa el coraje. La defensa de lo propio, contra el saqueador.
Al huir, pierden piezas de oro recibidas como botín rescate, las cuales nunca han sido públicamente halladas de los canales de los lagos.
De seguro lo fueron y se transformaron en lingotes y monedas, rescatando del ostracismo a sus descubridores.
El líder de los mexicas, diezma a los castellanos andaluces.
Los mexicas, ciertamente fueron guerreros sanguinarios.
¿Acaso no son sanguinarios los españoles, exterminando a todas las poblaciones nativas del Caribe?
¿Esclavizando negros?
¿Los estadounidenses, destruyendo todos los países del mundo?
A la par de los ingleses, quienes abarcaron los cinco continentes diezmando a todos los pueblos. Los belgas, cortándole las manos a los trabajadores del cacao en el Congo, durante el reinado de Leopoldo II. Los franceses, destruyendo a los habitantes del territorio canadiense. Italianos, acabando y diezmando África.
¡Todos ellos son miembros de la OTAN!
La victoria Azteca, aunque sea una sola batalla, representa la resistencia entre un pueblo originario opresor, contra otro pueblo invasor, opresor.
Así como los españoles hablan de su guerra de Independencia de la Francia napoleónica.
Continuará…

Compartir:

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *