El valor de la familia
La semana pasada Chiapas vivió una gran pesadilla en los botines de 16 trabajadores administrativos adscritos a la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana. Su secuestro prácticamente trasmitido en vivo por el uso de las redes sociales causó conmoción entre los chiapanecos y más allá de sus fronteras.
Que se recuerde en los tiempos de lo que lleva este siglo, en la entidad no se habían registrado emociones encontradas de impotencia, de sufrimiento, de martirio, de esperanza, de fe y al final, de felicidad.
Tres días duró el calvario, la tortura psicológica, el martirio, el dolor y hasta el suplicio. En las redes sociales los usuarios avasallaron el entorno digital para estar al tanto de lo que acontecía con la vida de 16 hombres que fueron tomados como moneda de cambio por un hecho que involucra a supuestos grupos armados.
El rumor corría por doquier. Qué si los habían matado, torturado, que, si eran inocentes. Sin embargo, muy pronto, para alivio de todos, en voz de las propias víctimas y de una de las personas que integran el supuesto grupo delincuencial, se corroboró que el problema tenía tintes de otro nivel.
Lo que haya sido, esta vez, como en 1994, cuando un grupo armado llamado Ejército Zapatista de Liberación Nacional apareció en la escena pública declarando la guerra al gobierno de la República, no se había centrado con tanta fuerza la atención en esta entidad sureña.
En la semana del 27 al 30 de junio, la noticia corrió como pólvora y tanta expectativa levantó que las miradas de lo que pudiese suceder mantuvo la atención de la población. La familia de los policías, en su desesperación y para presionar a la autoridad, instaló un plantón frente a las oficinas de la Policía Estatal e incluso taparon una de las principales vías de comunicación como lo es la de Tuxtla Gutiérrez a San Cristóbal de Las Casas.
Desde el primer momento y conforme fueron clarificándose las verdaderas intenciones que orillaron a protagonizar el hecho, la sociedad chiapaneca se solidarizó con las víctimas y con las familias.
Fueron horas de angustia y de pensar lo peor. Hijos, esposas, hermanos, tíos, abuelos, sobrinos, mantuvieron la unidad para poder sobrellevar el trance. La cuestión emocional, por momentos, parecía que se caía, pero, no. Demostraron que el valor de la familia es primero y sobre todas las cosas.
En los videos que circularon en las redes sociales, a 16 hombres se les vio el miedo y el terror en sus rostros; su condición provocó lágrimas, desesperación, crisis nerviosa y todo aquello que arrastra el dolor humano. El final se tornaba a tragedia, pero no fue así. Hay que agradecer el que se haya privilegiado que la vida de estas personas no podrían ser la solución a otro tipo de intereses o conflictos.
Del hecho que paralizó a la comunidad chiapaneca también conocimos que el amor, los lazos de amistad y de sangre son primero, predominan sobre cualquier infortunio. La unidad familiar, hay que remarcarlo, para quienes mantuvieron una comunicación diaria, constante, resultó gratificante.
La sociedad, con su aliento, demostró a su vez que la lucha de causas justas no tiene por qué dejarse de lado, aunque en ello pueda haber algún peligro latente.
Las escenas que los medios de comunicación, los internautas, y quienes estuvieron presentes la tarde del viernes en que aparecieron los policías, libres, fueron más que conmovedoras.
Incluso, los mismos elementos que integran la seguridad pública y de otras corporaciones presentes, no pudieron evitar el humanismo traducido en una alegría infinita de ver a sus compañeros con vida.
En esta historia, no nos olvidamos de la situación que presenta Nayely, una joven madre que también fue plagiada el 22 de junio y que a la fecha no aparece. Una situación que parece ser diferente por las causas que la rodean. Sin embargo, en el proceso de investigación que la misma policía ministerial debe estar realizando, hay esta otra historia que esperemos se aclare para bien de toda su familia.










