Javier Vázquez da la espalda a Copainalá
Tener un cargo público es una noble tarea y más si este cargo se obtuvo por el voto popular, la responsabilidad es aún mayor; ya que se le debe a la población la atención y entendimiento a los casos de problemáticas que traen consigo.
El tener esta sutileza de trato es de suma importancia para un funcionario público porque al ser votado, este se debe al pueblo y la estrechez con este último debe encarnar una relación que impulse a la construcción de una mejor comunidad.
Desafortunadamente existen casos como el de Javier Vázquez Castillejos, presidente municipal de Copainalá en el que el discurso de atención queda en segundo plano dejando a un lado la empatía que tuvo para llegar al lugar en donde actualmente está.
La semana pasada en un video que circuló por las redes sociales, el munícipe de Copainalá es captado por la lente de un móvil el mal genio que tiene en contra de civiles que buscaban una oportunidad para poder hablar con él.
La atención al pueblo es algo que debe ser prioritario en todo funcionario público y estas actitudes agresivas ponderan una falta de conocimiento sobre su pueblo y una grave actitud de empatía hacia los problemas de los demás.
Sea cual sea la situación en la que se presentaron los ciudadanos, la intención que siempre debe ponderar en un servidor público es la paciencia y el poder mostrar sus habilidades de entendimiento para cruzar un diálogo que lleve a la situación a buen puerto.
Sin embargo, Vázquez Castillejos se dedicó a enfrentar a su gente con gritos y una posición tan altanera que lo único que proyectó fue inseguridad de saber encausar un diálogo que pudiese tener tranquilo a la parte ciudadana y tiempo para él para resolver el o los problemas.
En las líneas que la casa editorial Diario de Chiapas describe en su edición del pasado siete de julio, se observa a un alcalde visiblemente alterado recriminando a un hombre y una mujer por gritar y golpear la puerta de su oficina. En respuesta, una mujer le explica que lo hacen porque no los atiende.
“Y no los voy a atender”, replica el edil en dos ocasiones encarando al hombre que viste una playera amarilla y con sombrero.
“Cálmense o no los atiendo”, vuelve a decir el munícipe de forma alterada y como respuesta se escucha un barullo inaudible por parte de la gente que exigía ser escuchada por el alcalde por una obra en cuestión.
Al también llamado “El Gallo”, por los propios pobladores de Copainalá, le picaron la cresta y a punta de machucones con sus “espolones”, mandó a la fregada a los que con su voto le dieron el puesto que hoy representa.
“Sí, grábalo, para que lo utilice ante el MP (Ministerio Público) para que le enseñe cómo se están poniendo; esto se llama motín y se van directo al Amate (la cárcel de reinserción social hasta donde llevan a peligros delincuentes).
Dijo que por el sólo hecho de estar gritando y golpeando (la puerta), se van a la cárcel, fue la amenaza del representante popular, en quien ya es común estos encuentros con sus gobernados.
Por más ocupación que tuviera Javier Vázquez Castillejos dentro de su oficina, el hecho de salir a dialogar con sus gobernados era una práctica que cualquier político con experiencia y audacia habría podido realizar de buena forma, sin embargo, a esto “pequeño político” le faltan tablas y mucho cerebro para impedir que acciones como estas desestabilicen su ya de por si maltratado gobierno.










