Letras Desnudas
Mario Caballero
Me disculpo por la imagen. Pero bien dice el dicho que la política es “el arte de comer mierda y no hacer gestos”.
No suelo recurrir a estas frases desagradables y para nada elegantes. Pero la menciono por Roberto Albores Gleason, que al adherirse a las filas del Partido del Trabajo en Chiapas hizo precisamente eso: coprofagia.
Es vox populi que Albores está desesperado por volver al poder, por recuperar sus antiguos fueros, pues como todo priista que fue y sigue siendo en esencia sabe que “vivir fuera del prepuesto es vivir en el error”.
Está acostumbrado, como se dice coloquialmente, a vivir de la “mamazón” oficialista.
A diferencia de muchos otros políticos de su generación, no se le conoce ninguna actividad aparte de la administración pública y legislativa. No tiene trayectoria empresarial en sí mismo, ni siquiera académica, y esto a pesar de que presume haber obtenido una maestría por la Universidad de Harvard.
En otras palabras, es un sujeto que nunca ha hecho nada en la vida, que nunca ha trabajado para ganarse lo que tiene, que ha tenido un modo de vivir privilegiado y de lujos que no le ha costado porque todo se lo ha dado su señor padre y que para el colmo cuenta con un título universitario que no le sirve de nada porque no sabe cómo usarlo.
Peor todavía, es un hijo de papi déspota, que mira a todos por encima del hombro y con una seria adicción al alcohol que medio mundo conoce.
Dicho esto, ¿es extraño que Albores Gleason esté desesperado por regresar al poder? Para nada, sobre todo sabiendo que su fin primero y último es volver a vivir del presupuesto.
Y dada su personalidad, nadie debería sentirse sorprendido de que, como los golondrinos, sólo se presente en el estado en tiempos electorales, ya que no le importa el bienestar de Chiapas ni de los chiapanecos.
Sépase que Albores nunca ha vivido en Chiapas, salvo las veces que llega de visita a la casa de sus padres, que tras su humillante derrota en la elección de 2018 se fue a vivir al extranjero con el pretexto de estudiar un posgrado y que su residencia formal la tiene en la ciudad de Mérida.
COPROFAGIA
Pero volvamos a la coprofagia.
El asunto es que Roberto Albores Gleason tuvo que ingerir mucho material fecal para llegar al Partido del Trabajo.
El día que fue presentado como nuevo militante del PT, mencionó que llegaba al partido con mucha dignidad, como un soldado a sumarse al trabajo de esta gran alianza.
Ahí, un gran bocado.
Al decir que la alianza del PT con Morena es una “gran alianza” (que en la elección para gobernador en 2018 contó también con la participación del Partido Encuentro Social) está reconociendo públicamente que el proyecto político encabezado por estos partidos fue mejor que el de él.
¿Y dónde queda aquello de que llegaba al partido con dignidad? En ninguna parte.
Se sabe que Albores coqueteó primeramente con el partido Chiapas Unido, pero no consiguió nada. Luego lo batearon en el Verde. Y cuando todo indicaba que se pondría la casaca de Movimiento Ciudadano, se reunió con los principales operadores políticos de la campaña de Adán Augusto López en el estado, haciendo suponer que se incrustaría en las filas de Morena, pero no. Días después salió a las redes sociales con la propaganda de que se lanzaría mediante un proyecto sin partidos. Como dice el pueblo, “le dieron aire” en todos los partidos.
Así que no le quedó de otra que arrastrarse, ponerse de tapete de sus antiguos adversarios políticos y hasta proclamar como “gran alianza” a los partidos PT y Morena.
Después de ese bocado, se engolosinó.
Dijo: “El Partido del Trabajo se está formando como una alternativa de transformación en el estado, que hoy gobierna en el estado, en el país, que tiene una fuerza electoral en el Congreso del Estado, en el Congreso de la Unión, en el Senado. Creo que tenemos un gran trabajo, el de transmitir lo que está haciendo (el PT) por la transformación del país con el liderazgo del presidente Andrés Manuel López Obrador y en el estado con el gobernador Rutilio Escandón Cadenas”.
Inclusive, uno de sus eternos colaboradores, que para el caso es su pariente, Pepe Albores, publicó en Twitter: “Con humidad nos sumamos a este gran equipo!!”. Vaya festín. Como que le agarraron el gusto al arte, ¿no le parece?
Roberto Albores Gleason podrá decir ahora que, además de reconocer los liderazgos de López Obrador y de Rutilio Escandón, luchó en el movimiento de izquierda desde el año 2006 a favor de AMLO, pero no podrá ocultar que antes y durante la campaña a la gubernatura echó pestes contra el presidente y el gobernador, tachándolos de incompetentes, de corruptos, de ser un peligro para México y para Chiapas.
Es más, ¿cuándo luchó en el movimiento de izquierda? Nunca.
Jamás ha buscado el bienestar de las clases humildes, ya que su lugar siempre ha estado con la élite, al lado de gente fifí como Aurelio Nuño, Enrique Ochoa Reza, Enrique Peña, Luis Videgaray y José Antonio Meade; jamás ha recorrido los caminos rurales, pues es un político catrín que ni siquiera estando en campaña política por la gubernatura consintió empolvarse sus elegantes mocasines en las calles de tierra de las muchas comunidades pobres de la entidad.
De las críticas que lanzó contra la Cuarta Transformación, ni hablar. Como vil conservador, defendió a capa y espada al corrupto gobierno priista, al que perteneció de alguna forma y que lo hizo su candidato a gobernador hace cinco años.
Toda esta defecación ha tenido que tragarse Roberto Albores con tal de ser nuevamente candidato a gobernador, ya que a través del dueño de la franquicia del PT, Amadeo Espinosa Ramos, se sabe que se sumará a los trabajos para la elaboración de las encuestas por la gubernatura. Buen provecho.
EL HAMBRE Y LAS GANAS DE COMER
La pregunta es: ¿bajo qué condiciones se dio el ingreso de Albores al PT?
La pregunta no podría ser menos pertinente, sobre todo pensando que Amadeo Espinosa y su runfla de alcahuetes entienden que el hijo del exgobernador Roberto Albores Guillén no representa nada para Chiapas y que no les garantiza ningún triunfo electoral, ni siquiera sacar el humillante tercer lugar que obtuvo en los comicios de 2018.
Así que si no es por ganancias políticas, lo único que nos queda es que fue por dinero, cosa que le sobra a la familia Albores.
Esto tampoco debería extrañarle a nadie. Puesto que la camarilla que desde siempre ha controlado el PT, invariablemente ha buscado el lucro económico.
Por ejemplo, en 2011, Amadeo Espinosa quiso venderle por cincuenta millones de pesos una candidatura plurinominal al Senado de la República a Pablo Salazar, quien buscaba el fuero que lo librara de pisar la cárcel, pero el negocio se le hizo agua.
No obstante, se rumora que Amadeo, Abundio Peregrino, Hugo Robledo Gordillo y Mario Humberto Vázquez han vendido las candidaturas a diputado local y federal, presidentes municipales y regidurías entre 2 y 10 millones de pesos, quedándose ellos con las plurinominales.
¿Cuánto dinero le ofreció Roberto Albores Gleason a los petistas? No lo sé, pero si fue así debió haber sido mucho para que hayan puesto en riesgo su alianza con Morena, con la que han ganado mucho en este sexenio.
Se juntó el hambre con las ganas de comer.
Twitter: @_MarioCaballero










