Rechazo de jóvenes a las fuerzas armadas, un serio problema
La situación que en los últimos meses se ha presentado en todo el territorio mexicano, donde la violencia ha sido el eje central de la verdadera situación que padecen los mexicanos, ha provocado que el tema sea tomado como bandera política de los aspirantes del Frente Amplio por México y ante ello la respuesta oficial ha sido la misma de todo el sexenio: La violencia genera más violencia.
Normalizar o acostumbrarse a vivir en hechos de sangre cotidianos nos está matando y deshumanizando como sociedad. Tanto que el tema reciente de los cinco jóvenes asesinados o desaparecidos -para el caso de que la autoridad judicial no ha confirmado debido a que no han sido encontrados oficialmente sus cuerpos- forma ya parte del ir y venir diario en las actividades de los mexicanos.
Una situación delicada desde el ángulo que se le quiera ver, primero porque la escalada de la violencia no la para nadie y tampoco se ve claro que esta administración quiera hacerle frente. La negativa tajante de no permitir la ayuda de los Estados Unidos de Norteamérica es parte de la estrategia fallida para combatir a los grupos delincuenciales.
Cierto es que la disfrazada intervención norteamericana tiende a pensar que sería darle una invasión oficial al territorio mexicano. Lo que no se quiere reconocer es que sólo falta que se tenga al personal militar físicamente, pues la verdadera invasión gringa la tenemos en la política, en el control que Estados Unidos tiene de México con la migración; en el tema económico, en el tema de los aranceles.
En estos casos la autoridad mexicana tiene maniatadas las manos y no es un caso de ahora, sino que es de toda la vida. Si bien las relaciones comerciales se han extendido a otros continentes, seguimos siendo presa de lo que diga y ordene el gobierno estadounidense.
A México le ha pesado no dar el estirón definitivo para saltar a las grandes ligas y en este caso el presidente Andrés Manuel López Obrador tiene toda la razón cuando afirma que la corrupción ha sido el mal que le ha impedido al país crecer. De ello no hay duda, lo que pasa es que esta pesadilla continua, aunque hoy se conozca que se roba menos, el flagelo no ha podido combatirse.
Al no haber oportunidades de desarrollo, los grupos criminales han crecido exponencialmente al reclutar a la juventud que no tiene empleo. Hoy, incluso, aunque se tenga una carrera profesional terminada no es sinónimo de que se garantice trabajo y justo es ahí cuando surge la desesperación de miles de jóvenes que se les hace fácil incrustarse en tareas delincuenciales.
La Iglesia Católica recientemente cuestionó también la “apología del delito” en la que los medios de comunicación son los directos responsables al difundir series que “enaltecen la vida y acciones de algunos narcotraficantes”.
Ojalá estuviera en el chip de todos los mexicanos que buscar la paz y la tranquilidad en los corazones y en cada uno de los hogares, nos encaminaría a formar hombres y mujeres de bien. Hoy es inconcebible que permitamos que se normalice la violencia que azota a México.
De frontera a frontera, no hay un solo estado que no presente signos de descomposición. Esto es muy grave, pero más grave es que desde el púlpito gubernamental se siga diciendo que “vamos bien, que los índices de criminalidad están bajando”.
Una mentira que nadie cree, pero que desafortunadamente no se hace nada para reencaminarse correctamente. Tan delicado es el tema que la juventud hoy ha enviado una señal de alerta a las fuerzas armadas y al comandante supremo en México: No quieren incorporarse al servicio militar, a la Guardia Nacional aún y se paguen muy buenos salarios.
Los jóvenes, con este rechazo, no quieren meterse en la boca del lobo y prefieren estar sobreviviendo en las migajas. Un dato muy duro, pero realista que debe poner a pensar seriamente a las autoridades a darle una contra mirada a su política de seguridad nacional.
Si no tendrá de su lado a los jóvenes para incrustarse a las fuerzas armadas, entonces este sector se irá debilitando ante la fuerte cantidad de deserciones que se han oficializado, situación que hace más difícil que se erradique este cáncer que nos carcome cada día como sociedad.










