Aprobación de la primera parte de Don Quijote de la Mancha, de Cervantes

Krzysztof Sliwa / Atlántico, Barranquilla, Colombia

El benemérito historiador Fernando Jesús Bouza Álvarez, catedrático de Historia Moderna en la Universidad Complutense de Madrid, Director de la revista Cuadernos de Historia Moderna, y autor de los excelentes libros, sirva de ejemplo, Palabra, imagen y mirada en la Corte del siglo de Oro: historia cultural de las prácticas orales y visuales de la nobleza (Abada Editores, 2020); Del escribano a la biblioteca: la civilización escrita europea en la alta Edad Moderna (siglos XV-XVII), (Akal, 2018); Felipe II y el Portugal “dos povos”: imágenes de esperanza y revuelta (Universidad de Valladolid, Secretariado de Publicaciones e Intercambio Editorial, 2010); descubrió dos nuevos documentos tocantes a la aprobación de la primera parte Don Quijote de la Mancha en las escribanías de la Real Cámara del Consejo de Castilla, cuyo presidente era Juan de Zúñiga Avellaneda y Bazán (1541-1608), I duque de Peñaranda de Duero, para la tramitación de la licencia y el privilegio de impresión pedidos para «un libro llamado El ingenioso hidalgo de la Mancha compuesto por Miguel de Cervantes Saavedra» (F.J. Bouza Álvarez, Dásele…, 5).
El profesor Fernando Jesús Bouza Álvarez publica dichas joyas documentales en su excelente obra: Dásele licencia y privilegio: Don Quijote y la aprobación de libros en el Siglo de Oro (Akal, 2012), elucide cómo se llevaba a cabo el proceso editorial de un libro desde la entrega de un manuscrito original del autor hasta la divulgación y el consumo del libro por parte del lector, y explica, entre otros, «las políticas de publicación en ese periodo a través de testimonios de autores, cesiones y el propio Consejo» (F.J. Bouza Álvarez, Dásele…, 16-17).
A esto se añade que el profesor Luis Gómez Canseco, de la Universidad de Huelva, en su ejemplar artículo: «Un documento inédito en torno a la impresión de la Primera, Segunda y Tercera Partes de la Araucana, de Alonso de Ercilla (Madrid, Pedro Madrigal, 1590)» (Etiópicas. Revista de letras renacentistas, 15, 2019, 9-24) alude a la princesa de Portugal y regente de España doña Juana de Austria (1535-1573), hermana del rey de España Felipe II (1527-1598), llamado «el Prudente», quien en su nombre en la Nueva orden que se ha de observar en la impresión de libros (el 7 de septiembre de 1558), decretó el siguiente proceso legal de la publicación de un libro:
«en principio de cada libro que así se imprimiere, se ponga la licencia, y la tasa y privilegio, si le hubiere, y el nombre del autor y del impresor, y lugar donde se imprimió: y que esta misma orden se tenga y guarde en los libros, que habiendo ya sido impresos, se tornare dellos a hacer nueva impresión» (Novísima Recopilación de las leyes de España, IV, 124).
Las dos perlas documentales, localizadas en el Archivo de Simancas, ponen de relieve que el Manco de Lepanto solicitó la publicación de Don Quijote al rey de España y de Portugal, Felipe III de España (1578-1621), llamado «el Piadoso». Su texto es el siguiente:
Solicitud:
«Muy Poderoso Señor
Miguel de Cervantes digo que yo he compuesto un libro intitulado El Ingenioso hidalgo de la Mancha, del cual hago presentación a Vuestra Alteza.
Pido y suplico sea servido de darme licencia y privilegio para imprimirle por veinte años, atento al mucho estudio y trabajo que en componer el dicho libro he gastado y ser de lectura apacible, curiosa y de grande ingenio, que en ello recibiré gran bien y merced para ello. Miguel de Cervantes. (firmado y rubricado)».
En el reverso de la solicitud el dictamen.
«Dictamen de Antonio de Herrera (Consejero del Consejo Real, órgano encargado del dictaminar sobre la conveniencia de las obras).
Por mandado de Vuestra Alteza he visto un libro llamado El Ingenioso Hidalgo de la Mancha compuesto por Miguel de Cervantes Saavedra y me Parece, siendo de ello Vuestra Alteza servido, que se le podría dar licencia para imprimirle porque será de gusto y entretenimiento del pueblo al cuál, en regla de buen gobierno, se debe de tener atención, allende de que no halló en él cosa contra policía y buenas costumbres.
Y lo firmé de mi nombre.
En Valladolid a 11 de septiembre de 1604
Antonio de Herrera (firmado y rubricado)».
En la columna izquierda
«Miguel de Cervantes
Escribano Gallo
En Valladolid a 20 de julio de 1604
Veáse
Señor Ramírez de Arellano
Vea lo Antonio Herrera, cronista de su Majestad
Désele licencia y privilegio por diez años.
Pide licencia para imprimir un libro y privilegio» (F.J. Bouza Álvarez, Dásele…, 6-7).

Parte II
Importa dejar sentado, además, que el cuellarano Antonio de Herrera y Tordesillas (1549-1626), Cronista Mayor de Castilla y de Indias, aprobó la impresión de la primera parte del Quijote por diez años, y no por veinte como pedía Cervantes.
Al lado de ello, el biógrafo cervantino Jorge García López, profesor de Literatura Española e Hispanoamericana en la Universitat de Girona, en su excelente obra: Cervantes. La figura en el tapiz (Pasado&Presente, 2015) declara adecuadamente que Don Quijote es «la gran novela de la Europa ilustrada y moderna…», que Cervantes crea «un nuevo tipo de “humanista” o de escritor… y que la moralidad que representa la primera parte del Quijote… tiene un sentido profundo y extraordinario… El Quijote supera por completo las contradicciones y las serias limitaciones de la literatura humanista y de ahí su victoria histórica sobre el relato caballeresco del siglo XVI. Y es que el Quijote crea nuevos humanistas» (J. García López, 150, 182, 183).
El dramaturgo Eduardo Aguirre Romero, en su estupendo artículo: «Si Cervantes levantara la cabeza», detecta con toda exactitud que «en estos tiempos inciertos, Miguel de Cervantes tiene aún mucha luz que ofrecernos» (Diario de León, 27 de marzo de 2022).
En vista de ello, solo me queda preguntar al lector del brillante escritor «de nuestra dulce y querida España»:
¿Qué había contribuido Don Quijote de La Mancha a África, América Latina, América Del Norte, Asia y Europa?
En resumidas cuentas, le felicito a nuestro meritorio escritor Fernando Jesús Bouza Álvarez por el hallazgo de dichas joyas documentales -y por su extraordinaria contribución a la vida y obra del héroe de Argel y a la Historia de la Literatura española- que deberían quedar fijados en los papeles para rectificar así los grandes desaciertos en las enciclopedias, libros de enseñanza, y revistas electrónicas. ¡Enhorabuena!
«Laus in Excelsis Deo»,
Krzysztof Sliwa

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