Letras Desnudas

Mario Caballero

No sé usted, pero en cuanto a política se trata me chocan los acarreos y la politiquería: dos realidades que enfrenta nuestro país desde hace varias décadas y que han sido sumamente exacerbadas en estos tiempos de transformación.

Juzgue usted mismo.

ACARREOS

Los acarreos son utilizados por los políticos con un fin básico, que es mostrar músculo frente a sus aspiraciones políticas o ante sus opositores políticos. En otras palabras, para exhibir quién tiene más poder de convocatoria para mover a las masas en respaldo a una causa social, proyecto electoral o gobierno. Vaya, incluso por una iniciativa de ley, como la que convocó el presidente López Obrador para contrarrestar la marcha ciudadana a favor del INE.

¿Se valen? Por supuesto, siempre y cuando se cumplan dos grandes condiciones.

La primera, que dichas movilizaciones no se paguen con dinero público o ilegal. Creo que a nadie le gustaría que el dinero de sus impuestos sea utilizado con objetivos político-electorales. Tampoco que dicho dinero sea producto de negocios ilícitos como el narcotráfico.

Segunda, que la gente no sea obligada o extorsionada para que vaya a las marchas. Es decir, que las movilizaciones promovidas por un personaje público, gobierno o agrupación social o política sean absolutamente libres y voluntarias, donde el ciudadano vaya por su propio pie y no bajo amenazas de ninguna índole.

¿Pueden asegurar las llamadas “corcholatas” que cumplieron con estas condiciones en los acarreos de sus actos proselitistas?

Todas dicen que sí, pero ninguna puede asegurarlo. Es más, Marcelo Ebrard acusó en días previos a la ex jefa de gobierno de la Ciudad de México de pagar los acarreos con dinero del gobierno capitalino y de la Secretaría del Bienestar, dependencia que según ha venido obligando a los beneficiarios a acudir a sus eventos con la amenaza de que al no hacerlo les quitarán un programa social.

Claudia Sheinbaum, por otro lado, ha respondido que los señalamientos son falsos. Mientras tanto, ya quedó la maldita duda de que la favorita del presidente López Obrador está haciendo trampa para convertirse en la Coordinadora de los Comités de Defensa de la Cuarta Transformación, es decir, en candidata a la presidencia de la República.

Empero, si los acarreos los pagaron con dinero de Morena y/o el propio, no hay el menor problema. Si, en cambio, los recursos salieron de los gobiernos federal y los estatales, no se vale. No sólo es ilegal, sino erróneo. Puesto que los impuestos de los ciudadanos son para financiar obras de infraestructura, educación, salud, etcétera, no para hacer campañas políticas a favor de los aspirantes presidenciales.

De acarreos mucho saben los priistas, quienes fueron los que nos dejaron la escuela.

Durante el régimen priista se volvió tradición “la torta y el frutsi”, pero a diferencia de los acarreos actuales, que han sido un caos, los suyos estaban tan bien organizados que hasta parecían desfiles. Y en sus movilizaciones los contingentes eran integrados por organismos sociales, en particular, sindicatos. Los clásicos maestros, petroleros y electricistas, es decir, los empleados del Estado.

¿De dónde sacaba el PRI los recursos para mover a las masas? Del partido y los gobiernos. Sí, se aprovechaba del presupuesto y de los programas sociales para hacer marchar a medio mundo.

Por esa costumbre es que surge la duda de dónde sacaron el dinero las corcholatas para movilizar a miles de mexicanos.

A saber, las marchas cuestan muchos millones de pesos, que hacen posible la llegada de cientos de camiones a las sedes de los actos proselitistas, tal como hemos visto todos estos días. Asimismo, la presencia de banderas, gorras, camisetas y pancartas de impresión muy sofisticada. Y, pues, eso cuesta mucho dinero. Y como ninguno de los seis aspirantes a la candidatura presidencial de Morena ha sido muy transparente que digamos en el manejo de recursos, sólo queda especular que utilizaron dineros no muy limpios y legales que digamos.

En lo que respecta a la coerción, también tengo mis dudas por los videos que salieron a las redes sociales donde se observa a funcionarios y operadores de las corcholatas pasando lista y obligando a la gente a ir a la marcha so pena de retirarles los apoyos de un programa social.

No pongo en duda que hubo decenas o cientos de personas que acudieron a las marchas por voluntad propia, convencidos de los proyectos de los aspirantes del oficialismo. Sin embargo, por las razones anteriores los acarreos no me caen nada bien. Inclusive, siempre los he visto como una industria política que lucra con la pobreza económica e intelectual de la gente.

¿Eso se vale? De ninguna manera.

Ningún político o funcionario público tiene derecho a condicionar los apoyos que da el gobierno vía los programas sociales. Eso se llama abuso de poder, representado en la explotación de las necesidades, expectativas y esperanzas de las personas en condición de pobreza o desprotegidas.

POLITIQUERÍA

Ahora bien, si por un lado es indignante el acarreo de gente con dinero ilegal y bajo coacción; por el otro, es igual de reprobable la politiquería.

Por politiquería se entiende a toda “práctica engañosa, truculenta, tramposa de la política o de las relaciones sociales, que busca dañar a otras personas para lograr los fines propios”, según el Diccionario del Español de México, editado por el Colegio de México.

¿Esto se vale? Obviamente, no. Todos nos merecemos que los políticos y gobernantes nos hablen con la verdad por delante; que nos revelen la realidad y no que nos la escondan; que construyan sus proyectos a través de propuestas y soluciones a los múltiples problemas sociales, no que busquen posicionarse entre el electorado difamando a sus adversarios, lo que sólo polariza, confunde, divide y genera violencia.

Ejemplo de ello tenemos las campañas de desprestigio entre los aspirantes presidenciales, que se difaman, insultan y acusan de delitos que no pueden comprobar. En lugar de demostrar con hechos y resultados que están preparados para tomar las riendas del país, agreden con golpes mediáticos a sus oponentes. Peor todavía, como dice la sentencia bíblica, creen ver la paja en el ojo ajeno sin ver la viga que tienen en el suyo.

Esta realidad es consecuencia de la descomposición de nuestra clase política, donde la mayoría carece de preparación, ética, buena calidad moral y profesionalismo. Como lo he dicho en otras ocasiones: no existe nada peor que un político profesional que un político no profesional.

VAN CON TODO POR TODO

Con todo esto, creo que después varias semanas de intenso proselitismo político ha quedado demostrado que la maquinaria del oficialismo está lista y bien aceitada con el fin de ganar las elecciones en 2024. Van con todo por todo.

PARA MAGDALENA

Al momento de redactar estas líneas nada ha dicho todavía el director general del IMSS, Zoé Robledo Aburto, sobre su declinación a participar por el Gobierno de Chiapas. Sin embargo, mientras a algunos esta noticia les cayó como balde de agua fría, otros sacaron las frías para celebrar el anuncio que dio el mismo presidente López Obrador durante la conferencia mañanera de ayer. No cabe duda que en la política no hay nada escrito.

Twitter: @_MarioCaballero

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