Iglesia pide no repetir quema de libros

•         Conferencia del Episcopado Mexicano aconsejó evitar acciones similares y rechazar la violencia al expresar el descontento por el contenido.

Marco Alvarado / Diario de Chiapas

Luego de la quema de libros de texto gratuitos de la Secretaría de Educación Pública (SEP), en la comunidad de San Antonio el Monte, en San Cristóbal de las Casas, la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM) recomendó no repetir esta conducta ni incurrir en actos de violencia para manifestar el descontento por el contenido que, padres y madres de familia mayas tzotziles consideraron “no aptos”.

En esta comunidad, donde la mayoría son de creencias evangélicas, los integrantes del Comité de Educación de la comunidad decidieron quemar los libros y exigir que les envíen los del ciclo anterior.

Ante el contexto actual y la polémica por el contenido de estos libros, la CEM pidió no continuar con las quemas, aunque el máximo órgano de la Iglesia Católica en México mantiene su postura, respecto a que se excluyó la participación de los implicados en el sector y prevalece una visión del ser humano reducida a su aspecto biológico, en el abordaje de la sexualidad humana.

La CEM también aseveró que todos somos corresponsables de educar, no sólo la escuela y no sólo el gobierno.

No es el único organismo de tipo religioso que se ha manifestado contra estos libros y algunos de sus contenidos; la Red Unida de Apóstoles de Chiapas también los rechazó por el supuesto contenido ideológico que proponen, y también porque no comparten el abordaje de la sexualidad humana de una manera diferente a la ideología judeocristiana.

Aunque también esta red coincide con la CEM, al considerar que la quema de libros es una forma de violencia, que no es el camino para lograr que sus inquietudes respecto al proceso formativo sean escuchadas por el actual gobierno federal.

Mientras que la Dimensión de Pastoral Educativa y de Cultura de la CEM invitó a todos los implicados en la educación a ampliar la mirada: el tema de los libros no puede verse de manera aislada, sino tiene que dimensionarse adecuadamente en el contexto de los grandes desafíos educativos y de la realidad social, política, económica y jurídica.

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