Edén Gómez Bernal / Diario de Chiapas
La problemática derivada del alcoholismo constituye un desafío que no solo afecta al individuo aquejado por esta adicción, sino que también repercute en su entorno familiar y social, generando perjuicios colaterales de consideración.
El consumo de alcohol, sin lugar a dudas, figura entre las prácticas más extendidas dentro de las sustancias legales, tal como respalda la Organización Mundial de la Salud (OMS). Dicha entidad ha constatado un incremento anual en las estadísticas que respaldan esta afirmación.
La OMS reporta que anualmente se registran 3.3 millones de defunciones en todo el mundo debido al consumo perjudicial de alcohol. Este hábito, a su vez, resulta en más de 200 afecciones y trastornos, lo cual enfatiza la necesidad imperante de que las autoridades sanitarias a todos los niveles trabajen en el diseño de políticas públicas orientadas a la prevención.
Una inquietud adicional radica en la situación que enfrentan las mujeres, cuyo incremento en el consumo de alcohol es alarmante. En el pasado se estimaba que podría haber dos mujeres por cada ocho hombres afectados, no obstante, esta relación ha evolucionado y en la actualidad se registra una proporción de cuatro mujeres por cada seis hombres.
La OMS subraya que el alcoholismo está intrínsecamente ligado a trastornos mentales, cirrosis hepática, distintos tipos de cáncer, enfermedades cardiovasculares y lesiones resultantes de la violencia y accidentes de tránsito. Esto ha llevado a la necesidad de buscar atención especializada, que pueda implementar medidas efectivas tanto en el tratamiento de individuos afectados por las secuelas del alcohol como en la prevención de nuevas incidencias.










