Transformación del vínculo social

Lilia Ma. Calderón/Las Margaritas, Chiapas [email protected]

El paso de la sociedad tradicional a la sociedad moderna, corresponde para los sociólogos a la transformación de la relación de los individuos entre ellos o, en otros términos, a la transformación del vínculo social. La pregunta sociológica fundamental está unida a la constatación de una paradoja: la autonomía creciente del individuo desemboca en interdependencias más estrechas con otros miembros de la sociedad.
Los individuos no sólo son complementarios los unos respecto a los otros -o interdependientes- sino que se van a dotar de un sistema institucionalizado de asociación solidaria a escala de la nación. Este movimiento va a contribuir a reforzar la seguridad de todos y, en consecuencia, de los más desfavorecidos, esto es, de todos aquellos que se encontraban en una situación de mayor exposición a los avatares de la vida.
Este sistema de protección generalizado, tendrá efectos sobre el conjunto de los vínculos que unen el individuo a la sociedad. A medida que el individuo ve su existencia enmarcada por mecanismos universales de protección, puede también liberarse con mayor facilidad de las obligaciones y las exigencias vinculadas a las formas de protección más tradicionales, como la familia, la vecindad, las corporaciones, es decir, todo lo que constituye el conjunto de las protecciones de proximidad.
En este sentido, cada tipo de vínculo social puede ser definido a partir de dos dimensiones: la protección y del reconocimiento. Los vínculos son múltiples y de naturaleza diferente, pero todos proporcionan a los individuos al mismo tiempo la protección y reconocimiento necesarios para su existencia social. La protección remite al conjunto de soportes que el individuo puede movilizar frente a los avatares de la vida (recursos familiares, comunitarios, profesionales, sociales); el reconocimiento remite a la interacción social que estimula al individuo al proveerle de la prueba de su existencia y de su valor a través de la mirada del otro o de los otros. La expresión “contar con” resume bastante bien lo que el individuo puede esperar de su relación con los otros y con las instituciones en términos de protección, mientras que la expresión “contar para”, expresa la expectativa igualmente vital, de reconocimiento.
La implicación afectiva en un “nosotros” es tan fuerte que ese “nosotros” corresponde a la entidad -que puede ser tan real como abstracta- con la cual y para la cual la persona sabe que puede contar. Es en este sentido que el “nosotros” es constitutivo del “yo”. Los vínculos que aseguran al individuo protección y reconocimiento adquieren, en consecuencia, una dimensión afectiva que refuerza las interdependencias humanas.

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