La educación como garantía de inclusión social

Decía Malala Yousafzai, un símbolo internacional de la lucha por la educación y la receptora más joven del Premio Nobel de la Paz, que “un niño, un profesor, un libro y un lápiz pueden cambiar el mundo”. Desde muy corta edad, Malala comprendió que la educación no sólo consiste en la transmisión de conocimiento, sino que constituye un potente mecanismo de transformación e inclusión social.

Una sociedad inclusiva, tal y como la define Naciones Unidas, es una sociedad en la cual todos sus individuos pueden ejercer sus derechos y responsabilidades y participar de manera activa en su entorno. En otras palabras, una sociedad inclusiva es “una sociedad para todos”, donde la participación en la vida económica, política y social no se ve impedida por la discriminación debido a razones de sexo, raza, clase social, u otros motivos.

En los países de América Latina y el Caribe (LAC), la inclusión social continúa suponiendo un reto, y constituye una de las tres prioridades del programa regional de la OCDE para esta región, junto con el incremento de la productividad y el fortalecimiento de las instituciones de gobernanza. De acuerdo con la OCDE, se han registrado mejoras significativas en relación con la erradicación de la pobreza, pero dichas mejoras no han logrado la consolidación de una clase media sólida. En su lugar, la nueva clase social emergente enfrenta importantes dificultades, tales como ingresos laborales bajos, formación insuficiente, y empleo informal.

Cuando se habla del reto de la inclusión social en LAC y, en particular, en México, ha de tenerse en cuenta el impacto de la pandemia. De acuerdo con el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social, la pandemia acentuó la vulnerabilidad económica de miles de familias, así como las carencias educativas de aquellos estudiantes que no disponían de conexión a internet.

La educación se postula, en este contexto, como una herramienta clave para el progreso social y la inclusión de todos los ciudadanos. Una formación adecuada en la infancia y la adolescencia es una condición indispensable para una inserción laboral exitosa en la etapa adulta. En otras palabras, la falta de recursos educativos pone a los individuos en riesgo de exclusión económica y social en el largo plazo.

En este contexto, la OCDE recomienda para México que el éxito de las escuelas y los estudiantes mexicanos se sitúe en el centro de la política educativa. Para ello, invita a reforzar el papel de los docentes, proporcionándoles formación de calidad y profesionalizando los procesos de contratación y evaluación, así como facilitando su crecimiento profesional mientras atienden las necesidades de las escuelas. Del mismo modo, las escuelas han de contar con una fuente de financiamiento estable.

Por otro lado, no debe perderse de vista la relación de la educación superior y la formación universitaria con el mercado laboral. El sistema educativo ha de estar en permanente contacto con un mercado laboral cambiante, proporcionando a los estudiantes con habilidades y conocimientos adecuados para insertarse en la fuerza laboral al finalizar sus estudios. En este aspecto, se recomienda que las instituciones educativas establezcan relación con el mundo laboral y favorezcan el aprendizaje en el medio laboral.

Esta fundamental tarea puede facilitarse desde las instituciones públicas favoreciendo las conexiones entre los distintos actores del sector educativo y el mundo laboral, así como fortaleciendo el papel de las escuelas en el desarrollo humano y profesional de los ciudadanos. Algunos municipios, como el de Tapachula en Chiapas, han abrazado estas iniciativas, mostrando un ejemplo de liderazgo y compromiso con la educación.

En este municipio, encabezado por la presidenta municipal Rosa Irene Urbina Castañeda, ha desarrollado diversas iniciativas que incluyen un programa para fortalecer el vínculo de niños y familias con la ciencia y una feria de empleo para poner a jóvenes en contacto con empleadores. Además, el municipio ha mostrado un continuo apoyo al sector educativo a través de la participación de la alcaldesa en eventos con estudiantes y graduados.

Una educación de calidad, que selecciona a los docentes más cualificados y alinea sus contenidos con las necesidades del mercado laboral garantizará mejores oportunidades laborales para los jóvenes. Esto favorecerá, a largo plazo, la consolidación de una clase media que participe activamente en la vida económica y social de México, evitando situaciones de exclusión y vulnerabilidad.

Por último, la apuesta por la educación también promoverá una mejora de la productividad y competitividad de la economía mexicana, pues los profesionales estarán mejor cualificados y dispondrán de las herramientas para adaptarse a un mercado laboral cambiante a nivel global. Porque, como bien dijo Malala, “un niño, un profesor, un libro y un lápiz pueden cambiar el mundo”. Y, sin duda, pueden cambiar México. 

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