¿Por qué está tan alborotado el gallinero?

Letras Desnudas

Mario Caballero

Fue una locura. Al cierre del registro para los aspirantes a la Coordinación Estatal de los Comités de Defensa de la Cuarta Transformación, se conoció que más de una veintena de políticos se inscribieron a la competencia, quienes ahora esperan la revisión del Consejo Estatal, donde se elegirá quiénes son aptos para pasar a la etapa de las encuestas.

Obviamente, entre los que se registraron se encuentran figuras destacables, pero también malas y maletas. De estos últimos, por ejemplo, Roberto Albores Gleason, quien nunca ha hecho nada por Chiapas, pero quiere ser nuevamente candidato a la gubernatura. Y si en el Partido del Trabajo, instituto que lo postuló, la mayoría de los militantes no lo tragan por las razones por todos conocidas, se ve un caso imposible que pase el filtro de los consejeros, quienes conocen que Albores es todo excepto alguien digno de representar el movimiento lópezobradorista en el estado.

Pero en todo este alboroto me parece muy lamentable que estén más interesados e interesadas en el proceso sucesorio, claramente anticipado, que en atender sus obligaciones y responsabilidades ante el gobierno que todavía no termina y que tiene mucho por hacer y resolver.

En menos palabras, lo que en verdad importa ahora, estando todavía lejos de que arranque oficialmente el proceso electoral, no es la sucesión sino la gestión gubernamental.

A contrapelo, aplaudo la conducta del gobernador Rutilio Escandón Cadenas que todo este tiempo ha hecho llamados enérgicos a no perder de vista la responsabilidad pública, a actuar con honestidad, a no intervenir con recursos del estado en apoyo de tal o cual aspirante.

Por tanto, perder el tiempo en el proceso de sucesión cuando hay cosas más importantes en las qué ocuparse, tan sólo exhibe la ambición de nuestra clase política. Además, es un debate mal perfilado cuando lo indispensable es dar ese salto hacia la frescura de las ideas, al tejido de los acuerdos.

Por si nuestros políticos no lo entienden o no lo quieren entender, Chiapas no está para entretenerse con el circo de las candidaturas. Ocuparse en ello no hace más que convertir el debate público en un pueril parloteo de ocurrencias. Lo único que puede analizar la prensa son los reflejos de quienes se sienten aspirantes, no proyectos.

¿Sabe cuál es el mayor problema? Que los verdaderos temas del estado, como la cuestión demográfica, la fiscalidad, la pobreza, la transparencia, los retos de la economía, el combate a la corrupción, entre otros, no son nombrados por los que buscan alcanzar tan codiciada candidatura. Y los que lo han hecho, lo hicieron en su mayoría sin conocimiento, sin sensibilidad y menos todavía demostrando capacidad para afrontarlos.

PERO…

Sin embargo, hay motivos reales para que tanto los aspirantes a la candidatura como sus seguidores estén tan alebrestados. El principal es que saben que el que llegue a alcanzar la postulación ganará indefectiblemente la gubernatura. No exagero.

En primera instancia, la coalición de Morena no tiene rival enfrente. En Chiapas, la oposición prácticamente no existe. No se ve a los partidos proponer una agenda, no tienen un programa político y los poquísimos esfuerzos que han hecho por reencontrarse con la sociedad han sido inútiles.

Prueba de ello es que en todos los sondeos salen con la más baja intención de voto. Y no de ahora, sino desde que el presidente Andrés Manuel López Obrador abrió la carrera por la sucesión hace más de dos años. De ese tiempo a la fecha, las diferentes casas encuestadoras han realizado las mediciones entre los partidos oficialistas y los opositores y en ninguna de ellas hay un atisbo de que la gente piense votar por ellos. Vaya, ni siquiera juntos alcanzan las preferencias que obtiene Morena por sí solo.

Para mayor tristeza, no tienen una figura destacable, a un actor político que los pueda representar, que pueda ser un candidato competitivo con la capacidad de construir un proyecto político que seduzca, que atraiga o que pueda conquistar al sector del electorado que aún se encuentra indeciso sobre su voto. No lo tienen. Al menos no lo han presentado hasta este momento.

Por tanto, si en los siguientes meses no surge entre los partidos opositores un personaje de un estilo similar al de Xóchitl Gálvez, llegarán a la batalla de 2024 literalmente derrotados. Y si se dice que para Morena la elección presidencial no será un día de campo, en Chiapas todo apunta a que sí lo será.

Eso por una parte. Por la otra, la fuerza que el movimiento lópezobradorista tiene en el estado es avasallante, contundente. Si les preguntáramos a diez electores efectivos por qué partido votaría por la gubernatura, por lo menos cinco o seis responderán que por el partido del presidente.

La encuesta de Massive Caller, realizada a inicio de este mes, reporta que el 52% de cada mil personas está decidido a votar por Morena. Demoscopia Digital coloca las preferencias de este partido en 50.4 por ciento durante el mismo mes. Rubrum y CE Research en 58.6 y 54%, respectivamente. Esta tendencia se ha mantenido en esos mismos niveles durante todos los meses de este año. Y no hay ningún motivo para pensar que esto pueda cambiar.

TERCER MOTIVO

No menos importante es la aprobación del gobernador Rutilio Escandón Cadenas, cuyos resultados de su administración le ha abierto la puerta de par en par a su partido para que, independientemente de quién sea el candidato, reafirme su liderazgo como la fuerza política mayoritaria en Chiapas y repita en el gobierno.

Escandón Cadenas ha logrado lo que ningún otro gobernador ha podido en otros sexenios. Por ejemplo, le ha dado certeza a las finanzas públicas. Ha obtenido ahorros importantes a través de la política de austeridad y con la política de transparencia y rendición de cuentas ha establecido un dique contra la corrupción. A la vez de que por lo mismo se han realizado pagos a la deuda heredada, importantes obras de infraestructura en todo el territorio chiapaneco y, mejor todavía, sin prestar un solo peso.

A esto súmele que Chiapas se ha mantenido como uno de los estados más seguros del país en todo lo que va del sexenio, con una fuerte inversión en el sector salud, turismo, educación y con un entendimiento ajustado en un marco de legalidad y autonomía con los otros poderes del Estado, lo que ha permitido que se haya dado un paso adelante en el desarrollo económico y en la estabilidad social y política.

Desde luego, se han suscitado algunos brotes de violencia, pero nada parecido, ni en lo mínimo, con lo que se vive en otras entidades que están bajo el terror de las bandas delincuenciales.

AHÍ ESTÁ EL DETALLE

Ahí la poderosa razón por la que el gallinero esté alborotado. Los más de veinte aspirantes que pugnan por la candidatura de Morena y sus aliados conciben que el que obtenga la postulación a través de las encuestas, es el virtual próximo gobernador o gobernadora. Por eso se jalonean y se mueven con tanta excitación.

Lo malo es que muchos de ellos se han desentendido de sus actuales responsabilidades públicas: situación que trasluce, más que su vocación por el servicio público, su ambición por el poder.

X: @_MarioCaballero

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