Narges, ganadora del Premio Nobel de la Paz, una digna activista en defensa de las mujeres
La nominación del Premio Nobel de la Paz para la activista y periodista iraní Narges Mohammadi, quien cumple una pena de 10 años de prisión en el penal de Evin, en Teherán, por su lucha por los derechos de las mujeres en Irán, debe ser, sin duda, una presión “endemoniada” para las autoridades de dicho país para que la dejen en libertad.
El mundo amaneció este viernes con la decisión del Comité Nobel noruego, con sede en Oslo, para darle el reconocimiento universal a la lucha que ha emprendido esta mujer la promoción de “los derechos humanos y la libertad de todos”. Hoy, por la importancia de esta nominación, pero, sobre todo, por el ejemplo inquebrantable de una verdadera luchadora social, nos abocaremos a replicar lo que ha padecido Narges.
Berit Reiss-Andersen, presidenta del Comité, ha reconocido la labor de “todo el movimiento” en defensa de las mujeres en Irán que, entre otras, ejemplifica la hoy galardonada. Pero, sobre todo, resalta el que haya fijado la postura de que, con esta decisión, el movimiento de defensa de las mujeres en Irán continúe y no sea derrotado. “Si las autoridades iraníes toman la decisión correcta, la liberarán”.
Es muy probable que esto último no suceda debido a que Irán no pretende demostrar al mundo que su decisión de coartar los derechos de las mujeres en dicho país ha sido un error. Una postura que se ha reflejado en cada una de sus decisiones históricas, lo que le ha valido estar en constante “guerra” con países adversarios que le cuestionan su política opresora.
En el antecedente, Narges competía en un inicio con un total de 351 candidaturas y al final con otras seis finalistas: la activista afgana Mahbouba Seraj; el Tribunal Internacional de Justicia; los activistas por los derechos de los pueblos indígenas Victoria Tauli-Corpuz y Juan Carlos Jintiach; el diplomático Kyaw Moe Tun; y el Consejo Consultivo de Unidad Nacional de Myanmar; y al Human Rights Data Analysis Group, una organización que documenta datos sobre violaciones de los derechos humanos.
La ganadora del Premio tiene por lo menos 30 años luchando por la igualdad de los derechos de los iraníes. Ha denunciado y documentado violaciones de derechos humanos por parte de la República Islámica de Irán, especialmente respecto a los presos de conciencia y las minorías.
Su campo de batalla también ha incursionado en la lucha por el respeto de las decisiones demócratas, las elecciones libres y la abolición de la pena de muerte en su país. La activista fue detenida en una primera vez en 1998 y liberada un año después. Esta detención fue el inicio de otras 13 ocasiones en que fue privada de su libertad.
Y aunque parezca que se vive a principios del siglo XX, la activista ha sido condenada por defender a las mujeres en cinco ocasiones, sentenciada a un total de 31 años de prisión y sufrir un castigo más: 154 latigazos.
Ha prestado asistencia jurídica a presos de conciencia. Con carrera universitaria, en su país esta lucha sin cuartel le ha valido perder su título en el ámbito de la ciencia y la tecnología y por ende todo tipo de trabajo y lo más sagrado: Su libertad.
Mohammadi, dijo Berit Reiss-Andersen, ha sufrido varios ataques al corazón en la cárcel, donde se le ha negado la adecuada asistencia médica y se la ha mantenido en aislamiento durante largos períodos, según Amnistía Internacional.
No ha visto crecer desde hace ocho años, por culpa del régimen iraní, a sus hijos mellizos Ali y Kiana, hoy de 16 años, quienes viven en el exilio en Francia con su marido, el también expreso político Taghi Rahmani, a quien tampoco ha visto en persona desde hace 10 años. Su cónyuge también estuvo en la cárcel 14 años por su defensa de la libertad en Irán, quien reconoce que ella es más firme que él en cuanto a la defensa de sus ideales
Mohammadi está ahora encarcelada en la celda número 4 del ala de mujeres de la prisión de Evin, condenada por “difundir propaganda contra el Estado”. El pasado 16 de septiembre, cuando se cumplió un año de la muerte de Mahsa Yina Amini y del inicio de las protestas contra el régimen en Irán, Mohammadi quemó su velo en el patio de la cárcel con otras presas. Esa y otras protestas en apoyo de los manifestantes le han valido la apertura de seis nuevas causas judiciales contra ella en siete meses. Los jueces han añadido ya dos años y 3 meses a su condena por mostrar solidaridad con los manifestantes.
Mohammadi describía los largos períodos que ha pasado en completa soledad en celdas de aislamiento que, según el marido de la activista, solo permiten dar tres pasos en diagonal; calabozos tan exiguos que ni siquiera permiten extender los brazos a los lados del cuerpo: “En una celda de aislamiento, el tiempo no existe. Oír una voz, incluso un susurro, se convierte en un sueño. Cuanto más tiempo pasa, más te sientes como si estuvieras en una tumba; como si estuvieras atrapada en un pozo.
“Echo de menos a Ali y Kiana. Hace más de ocho años que no los veo, pero siempre han estado conmigo. Espero que el dolor que les ha causado mi ausencia no haya sido en vano. Espero que, un día, me perdonen”, escribió Mohammadi desde la cárcel.










