Letras Desnudas
Mario Caballero
Mucho se le ha criticado al presidente Andrés Manuel López Obrador por lo que tanto ha afirmado todos estos años, que la “mejor política exterior es la interior”. El caso es que, incluso sus declarados detractores lo saben, tiene razón. Pues si no arreglamos lo que tenemos y somos como país, menos que podamos ofrecerles oportunidades de vida a los que son de fuera.
Quizá entre los que esto leen, haya alguno que sea hijo o nieto de migrantes, yo soy de aquí y me enorgullezco de ser mexicano, pero conozco muchas historias de gente que tuvo que dejar su lugar de origen obligada por la situación económica, política o de inseguridad. Son personas necesitadas que buscan para su familia el bienestar que no pueden encontrar en sus respectivos países.
¿Pero de qué va la aseveración del presidente?
Para empezar, que él insista en que la mejor política exterior es la interior se debe en gran parte a que entiende que los flujos migratorios han cambiado a lo largo del tiempo, pero que el problema, básicamente, sigue ahí: miles de personas que se separan de sus familias obligadas por la necesidad, que en su intento de prosperar en otro país se enfrentan a la discriminación, a los maltratos, a las vejaciones y que en no pocos casos hasta pierden la vida.
Tal fue el caso de los 80 migrantes que estaban en un centro de detención provisional de Ciudad Juárez: querían llegar a Estados Unidos a conquistar el sueño americano bajo la presión de la miseria económica, la persecución política en algunos casos o por el peligro que corría su integridad física. Al final, no pudieron. Se quedaron en México en espera a ser deportados a su nación de origen y en un incendio provocado por ellos mismos, más de 40 perdieron la vida. Esta es la desgracia de los que tienen que migrar a la fuerza.
UN POCO DE CONTEXTO
El presidente López Obrador concibe que si en México hay seguridad, prosperidad y una mejor calidad de vida, se puede ayudar a los demás. No es el caso del gobierno estadunidense, que durante la administración de Donald Trump hasta amenazó con imponer aranceles a las exportaciones mexicanas si nuestro país no retenía a los migrantes en su fronteras sur y norte.
Esa fue la estrategia del país vecino para controlar los flujos de indocumentados. Y los resultados de ello ya los conocemos: el gobierno mexicano aceptó, aunque rechinando los dientes, convertirse en un “tercer país seguro” para Estados Unidos. Sí, en uno donde los migrantes pudieran permanecer mientras se resolviera su situación migratoria. Pero eso de “mientras” tiene a muchos centroamericanos, haitianos y de diversas nacionalidades pasando hambre y viviendo en la intemperie durante meses.
Después que el presidente Biden sustituyó a Trump, la política migratoria no cambió en lo absoluto. Para efectos prácticos, México sigue siendo el que le resuelve el problema a la Unión Americana.
¿Y qué se ha recibido a cambio de esta labor? Nada. Por lo contrario, mientras países como Turquía, por ejemplo, que también se ha convertido en naciones receptoras de migrantes indocumentados, ha recibido miles de millones de dólares de Estados Unidos de ayuda para levantar campos de refugiados más o menos dignos, donde sean respetados los derechos humanos de estas personas, México no ha obtenido más que humillación.
Dicho sea de paso, Estados Unidos le propuso el mismo trato al gobierno mexicano, pero el presidente López Obrador no lo aceptó. ¿Por qué? En parte, porque sabiendo cómo son de ventajosas las autoridades de ese país, más tarde que temprano nos cobrarían una factura muy cara por esa supuesta ayuda.
LA POLÍTICA
Decíamos, entonces, que la mejor política exterior es la interior.
Sin lugar a dudas, la pobreza, la desigualdad, el desempleo y la marginación son las raíces profundas de la inseguridad, la migración y otras calamidades. Por eso, el gobierno de la Cuarta Transformación ha empleado importantes esfuerzos y recursos económicos para enfrentarlos.
Para ello, el presidente AMLO trazó desde el primer minuto de su mandato la estrategia de los programas integrales de bienestar. Como Jóvenes Construyendo el Futuro y Sembrando Vida, que tienen como destinatarios a la población más humilde y vulnerable de la sociedad, entre la que se encuentran los índices más elevados de migración.
Entendámoslo como el presidente: a mayor bienestar social, menos pobreza y por ende menos ganas de buscar una mejor calidad de vida en otros países. Es una verdadera tragedia que hombres valiosos tengan que sembrar maíz en tierras ajenas cuando pueden hacerlo en las propia y con mayores ganancias.
Por tanto, el programa Jóvenes Construyendo el Futuro, que de hecho ha sido el más aplaudido por entidades internacionales valuadoras de la pobreza y por expertos nacionales, es el que mejores resultados ha obtenido.
Actualmente, hay más de 2 millones y medio de jóvenes que tras recibir el apoyo del gobierno han logrado un salario para trabajar como aprendices en empresas, comercios, en el campo y esto, según algunas mediciones, ha fomentado que cada vez haya más jóvenes cursando en el nivel medio superior y superior, que se hayan elevado las cifras de empleo y que hayan reducido las tasas de delincuencia entre este sector de la población.
Incluso, hay informes de las autoridades de migración que reflejan que durante el actual sexenio ha reducido considerablemente la migración de connacionales, lo que no es un asunto menor.
Ahí una razón poderosa para creer que la mejor política exterior es la interior.
LA CUMBRE
“La base de todo es que se atienda la gente en sus lugares de origen, porque la migración no es por gusto: es por necesidad”, dijo el presidente López Obrador durante la cumbre “Encuentro de Palenque, por una vecindad fraterna y con bienestar”, realizada en la ciudad de Palenque, a la que acudieron jefes de Estado y cancilleres de 12 países latinoamericanos, incluido México, y en la que participó el gobernador Rutilio Escandón, quien ha sido uno de los principales aliados del presidente AMLO en el tema migratorio.
Lo dicho por el primer mandatario se confirma por lo antes dicho, pero también con lo sucedido en El Salvador, nación que AMLO ha apoyado a través de los dos programas arriba mencionados.
Tan sólo en el caso de Sembrando Vida, durante su primera fase el 99 por ciento de los beneficiarios reportó un incremento en el autoconsumo de sus productos agrícolas, el 75 por ciento vio un incremento en su ingreso, el 77 por ciento mejoró su alimentación, el 74% mejoró la calidad de vida de su familia y se generaron 21 mil 256 empleos indirectos.
Me gustaría destacar que la importancia de esta cumbre no radica solamente por las estrategias y mecanismos que se discutieron para contribuir a una migración ordenada en el continente, sino también porque de los 11 países que participaron (Colombia, Honduras, Venezuela, Haití, Cuba, Belice, Costa Rica, Ecuador, El Salvador, Guatemala y Panamá) proviene la mayor parte de los 1.7 millones de migrantes que buscan cruzar la frontera con Estados Unidos.
En fin, el presidente tiene razón: si mejoramos las condiciones de vida de la gente de nuestro propio país, abonaremos a que menos gente migre y abandone sus familias.










