Escritora invitada: Yaya Gallardo

Un espacio dedicado a la Asociación de Escritores y Poetas Chiapanecos, A.C.

Jorge Éver González Domínguez [email protected]

Valiente
Te busco donde el silencio murmura tu nombre;
estás tan cerca de mi alma, acariciándola con cada recuerdo tuyo.
Ya no hay motivos para seguir negando lo que siento:
el orgullo ya no está, como verás, tan solo se fue sin prisa, a destiempo.
Maldito orgullo que simuló un entierro de tu amor, pues lo creyó muerto;
malditas las horas que corrieron tan a prisa que no me dejaron ir a mi propio funeral.
Hoy, que decido ser valiente, ya no estás.
Hoy, que finalmente el amor venció mi propia batalla, te has ido y no te culpo, admiro la fortaleza de tu ser.
Vivo de los pocos recuerdos de ti, sí… de esos que supieron sobrevivir al huracán del dolor y del tiempo;
vivo del lejano recuerdo de tus risas, que son como un soplo de aliento para el alma, y de esa mirada terriblemente tierna, capaz de doblegar al más valiente guerrero.
Ojalá pudiera verte a los ojos, saborear esa mirada cálida como un café en el invierno, pero no diré adiós ahora que lo tengo claro.
No lo haré hoy, que finalmente comprendo que estaba equivocada.
La valentía se apoderó de mí y es justo aquí que mi verdadera lucha empieza,
me convertiré en la marea más brava para llegar a ti y poder envolverte.

Ojalá
Ojalá pudiera manejarte a mi antojo.
Volvería a ser niña y a estar en los brazos de mi padre.
Das cada día poco de ti, siempre tan preciso, siempre tan exacto,
Quisiera pedirte más, pero es inevitable impedir tu paso.
Te he odiado, maldecido, bendecido,
pero sobre todo te he implorado no correr:
ya no corras tanto, no hay prisa, danos más a cada uno.
Regálanos un poco más de ti, muéstrate generoso y no tacaño.
No dejes que se nos termine nunca,
todos queremos un poco más de ti,
solo un poco más de tiempo.

Sospecha
Esta sospecha que tengo de amor por ti se me ha metido en la cabeza; quisiera arrancarla, pero no puedo.
Esta sospecha crece cada día más,
y he llegado a pensar que no solo la tengo en la cabeza:
la tengo clavada en el corazón.
Me niego a quererte y no porque no pueda,
sino porque no debo.
Cada caricia, cada beso y cada entrega será un lamento en el futuro,
y es la pena que me quiero evitar.
Lo tuyo y lo mío se irá consumiendo como lo hace el cigarrillo en los labios ajenos, así de inevitable te tuve,
así de inevitable te disfruté, y así de inevitable es nuestro final.
Dejaré esto al paso del tiempo para que la sospecha y el amor, poco a poco y de la mano, se vayan consumiendo.

Poemas del libro
“Alma desnuda”.

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