La legitimidad ética del amor: concepción husserliana

Lilia Ma. Calderón/Las Margaritas, Chiapas [email protected]

El problema de la legitimidad ética del amor, ha sido tema de atención en diversas vertientes de la discusión ética contemporánea. Algunos autores dedicados al estudio de esta temática han puesto de relieve que, en las perspectivas éticas tradicionales, especialmente en las éticas universalistas y en aquellas catalogadas bajo el rubro “éticas deontológicas”, el amor y la moralidad son frecuentemente considerados como fenómenos esencialmente diferentes e incluso contrarios. Esta idea halla su fundamento en una doble presunción: por un lado, en una concepción del amor como una emoción irracional que da lugar a una forma de vínculo intersubjetivo ciego a la reflexión crítica y, por otro, en una concepción de la moralidad como una perspectiva neutral, por principio, tanto respecto de los intereses personales que pueden determinar el vínculo con otros, como respecto de los intereses y metas de la persona sobre su propia vida.
Según esta perspectiva, un requisito fundamental para alcanzar el punto de vista imparcial inherente a la moralidad, es la exclusión de su ámbito de todos aquellos fenómenos de carácter afectivo que puedan determinar las elecciones. De ahí que el amor -fenómeno que ha sido considerado tradicionalmente como un velo distorsionante que no permite a aquel que ama ver con claridad el correlato de su amor- haya ganado entre algunos filósofos el lugar de enemigo por excelencia de la moralidad.
En este marco adquiere relevancia filosófica la pregunta sobre la legitimidad del amor como motivo ético. La pregunta, en resumen, es si es posible hacer converger ambas perspectivas. ¿Es posible desarticular la dicotomía, según la cual, al seguir los motivos provenientes de su amor, la persona necesariamente dejaría de lado sus deberes morales? O, de modo inverso, ¿la conducta de una persona moral implicaría indefectiblemente una actitud de “desapego”? Husserl no solo considera el amor como un sentimiento éticamente relevante, sino que encuentra en él, el fenómeno más apropiado para dar cuenta de la forma superior de configuración de la vida ética, tanto singular como comunitaria. Al reconocer en el amor un motivo ético legítimo, la ética tardía de Husserl intenta situarse más allá de la dicotomía arriba mencionada, en la medida en que incluye al amor en la esfera de la razón y considera la moralidad como necesariamente ligada a la realización de valores personales.
La temática del amor cobra protagonismo en la ética de Husserl en relación con la expresión de la identidad de la persona y el carácter personal de la exigencia práctica. En diversos textos de este periodo, Husserl se refiere a la decisión de poner la vida al servicio de un determinado ámbito de valores personales absolutos como una vocación fundada en un “llamado” que proviene del amor…

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