II PARTE
Julio Aguirre
4. EL GOBIERNO COMO AMENAZA
Nada de lo anterior es particularmente novedoso o específico del fenómeno bajo análisis. ¿Por qué cobra fuerza ahora? Creo que la principal explicación está en una coyuntura histórica marcada por tres factores: el leviatán sanitario, el porteño-centrismo y la partidocracia alejada de la gente. Estos tres factores se pueden ejemplificar con una escena de nuestro tiempo: tres políticos porteños de distintas trayectorias partidarias, sentados en una mesa, en cadena nacional, estableciendo un confinamiento en todo el territorio nacional, incluidos pueblos muy pequeños y aislados donde no había casos de COVID. El Estado central forzó así que cierren negocios, que se bloquee la posibilidad de actividades laborales y relaciones sociales fundamentales, y que sólo mantengan inalterados sus ingresos los trabajadores del Estado (incluidos, por supuesto, los políticos).
Así, la Pandemia ayudó a la configuración de un Leviatán Sanitario, un Estado con ribetes bestiales, que puede privarnos de nuestro sustento y nuestros afectos, y está legitimado por una emergencia sanitaria que, en el fondo, se alimenta del más primario de los miedos: a la enfermedad y la muerte. Este Leviatán Sanitario es conducido por élites porteñas, lejanas a la inmensa mayoría del territorio nacional, cuya mirada eclipsada por el obelisco parece agotarse en la General Paz, impidiéndoles así mirar los “problemas de la gente” del interior. Así, el Gobierno, indistinguible del Estado o de “los políticos”, se erige en una amenaza como nunca antes en épocas democráticas. La “fiesta de olivos” imprime una potencia cruel sobre esta imagen, y la inflación galopante marca el ritmo de un proceso que parece empeorar cada día.
No hay aquí apreciación de ninguna índole sobre la política de aislamiento obligatorio, o sus efectos para evitar una situación sanitaria catastrófica, tampoco una postura relativa a la capacidad de los habitantes de la CABA de conducir políticamente al país; simplemente es un señalamiento de tres procesos simbólicamente significativos, agravados por la Pandemia, sin los cuales no podemos entender la política actual: (1) un Estado muy presente para regular y castigar, pero ausente para resolver o prestar servicios. (2) Un sistema político institucionalmente macrocefálico y, en los últimos años, dominado por políticos de la Ciudad de Buenos Aires con escasa vocación de diálogo político federal. (3) Una agenda política reproducida en los medios “nacionales” (de la Ciudad de Buenos Aires) que parece haberse alejado por completo de la cotidianeidad de los/as ciudadanos/as.
Esta situación, sumada al carácter ya crónico de la crisis económica, ayuda a comprender por qué estas narrativas ideológicas de la derecha avanzan y por qué la distribución geográfica del voto marca una fuerte disociación entre el AMBA y el resto del país. La pregunta ahora es: ¿esto es algo momentáneo, un fenómeno coyuntural?, ¿o estamos frente al surgimiento de una nueva configuración ideológica que lucha por moldear el sentido común de la política argentina?
5. UN NUEVO SENTIDO COMÚN
Unos días antes de la elección varias personas, muy distintas entre sí, me argumentaron con palabras más o menos similares lo siguiente: “si los mismos de siempre no paran de fracasar y hundir al país, es de sentido común votar a quien quiere hacer las cosas distinto, aunque parezca un loco. Lo verdaderamente loco es seguir votando a los mismos”.
La idea de sentido común es de gran importancia en política. Quién logra conquistar el sentido común de su época, darle contenido, dominarlo ideológicamente, pude afectar las ideas de la ciudadanía en niveles profundos que anteceden a la evaluación sobre cualquier narrativa o programa de gobierno.
Cuando el “sentido común” indica que hay que romper con el estado actual de las cosas, se encarna con la rebeldía y se convierten en un motor de acción política poderosa. LLA parece estar capitalizando esto: rebeldía y lucha contra el status quo. Estas, junto a la libertad como significante vacío que permite dar más sofisticación a ese sentido común, orientarlo hacia consideraciones relativas a los distintos temas públicos y, así, darle horizonte práctico a la rebeldía, son una combinación de factores que abren una ventana de oportunidad para una fuerte irrupción en la política. A la par, permiten crear expectativas refundacionales, sostenidas en propuestas técnicamente débiles pero fáciles de comprender y directamente vinculadas al nuevo sentido común: dejar de hacer lo mismo e ir en contra de los argumentos (deseos, intereses) de la casta. Otra vez, cualquier semejanza con el modelo político del populismo, no es coincidencia.
La sumatoria de este perfil rebelde, la interpelación a luchar contra un status quo que solo evidencia fracasos, las propuestas simples y fáciles de entender, ideales para las redes sociales, que se articulan con una convocante idea de libertad, crean una sinergia fantástica. Cuando miramos en la historia, es la base de buena parte de los proyectos políticos que logran exitosamente hegemonizar una época, cambiar el eje de la dinámica electoral y reconfigurar la gramática de la política, al menos en esa coyuntura. Por eso, lo que podemos esperar en los próximos meses es que todo el debate político pase por discutir esas “ideas de la libertad”, esas propuestas técnicamente débiles, incluso demenciales, pero hoy de “sentido común”, y al hacerlo se ayude a consolidar ese nuevo sentido común.
Así, Milei está logrando controlar la agenda pública, con ello fortalece la idea de que ya es ganador, lo que lo acerca a una victoria profunda, incluso si por los designios del Ballotage (diseñado para evitar el ascenso de extremistas) y los instintos de autopreservación de la “casta”, pierde la -muy probable segunda vuelta electoral.
Quizás asistimos a la génesis de nuevos clivajes políticos en la Argentina. Entonces, denunciar “giros a la derecha” será insuficiente.
6. LA DESMESURA COMO VIRTUD
Lo anterior podría ayudar a entender las razones del éxito de las nuevas derechas radicales en Argentina. Pero, ¿por qué Milei? Sin caer en adjetivaciones de semejante personaje, hay que focalizarse en su performance, la puesta en escena, el show. En ella hay una sinergia entre el modo en el que su imagen, incluidas sus “rarezas”, alimentan el perfil de rebeldía aludido más arriba, y el modo en el que sus modales expresan el hastío y malestar reinantes.
Los modos violentos, de plano rechazados por el sentido de lo políticamente correcto imperante, y sus narrativas llanas y enfáticas, vulgares, irrumpen como un grito de gol en la deliberación pública, como un insulto ineludible para representar las frustraciones populares, asfixiadas por un debate político que busca imprimirle parsimonia a la desesperación existencial, que avanza a ritmo de hiperinflación. Una deliberación pública más preocupada por los modos del lenguaje inclusivo que por las pasiones de la urgencia cotidiana. Irónicamente, estas narrativas disruptivas, históricamente configurativas del ethos popular del peronismo, hoy son expresadas por una suerte de celebrity mediático de última hora; un “machito” gritón de traje y corbata. Su puesta en escena no sólo es particularmente potente para vehiculizar las narrativas de la nueva derecha, sino que también se convierte en un producto potente para redes sociales, específicamente focalizado en un público deseoso de expresar esos improperios a viva voz, pero que se sienten silenciados por una corrección política percibida como sofocante.
Esa performance parece diseñada deliberadamente para adaptarse a las nuevas formas de militancia en el universo de las redes sociales. El activismo político permeado por la cultura digital ha generado nuevas formas de militancia que parecen tener mucho éxito para integrar la difusión de ideología con las nuevas formas de socialización en red. Prácticas como el “troleo”, con su impostación de la violencia como humor, o el carácter lúdico de creativos memes y videos, insertan exitosamente a jóvenes “despolitizados” y descreídos de las prácticas habituales de la política de partidos, en formas intensas de politización y militancia, generando comunidades en línea que son un refugio del hastío existencial, una fuente de sentido de pertenencia y el acceso a interpretaciones rápidas, sencillas y relativamente condescendientes para dar sentido al malestar.
Si el socialismo buscó a sus intelectuales orgánicos entre docentes y artistas, las nuevas derechas los han encontrado exitosamente entre influencers y hordas de anónimos con más predisposición a la controversia en línea que a la deliberación pública tradicional. En este entorno, estas derechas lograron darle una estética moderna y convocante a una retórica reaccionaria que ahora llega mucho más allá que sus viejas bases electorales.
En estos contextos discursivos, tan lejanos de las condiciones ideales para la deliberación democrática, incluso un personaje excéntrico como Milei puede ser quien realmente logre una conexión empática con audiencias frustradas. La performance es otro de los hilos que conectan Milei con Trump o Bolsonaro.
7. ¿EL LEÓN DE LA GENTE?
El fenómeno de Milei puede crecer en escala si logra, efectivamente, configurar un espacio en el que sientan que tienen voz aquellos que hoy se sienten silenciados; que son muchos, muchísimos más de lo que la política parece reconocer.
La “rebelión del coro”, como la llamó José Nun, es la operación política fundamental por la cual erigen la voz “los silenciados” por sobre los “habilitados para hablar”. El coro de los subalternos es siempre fragmentado, múltiple, heterogéneo, cacofónico, hasta tanto encuentra, políticamente, una armonía que permita encausarlo, dando sentido a sus prácticas cotidianas. Esa posibilidad siempre implica una tensión con los canales institucionales vigentes, pues éstos reproducen el silencio, por ello en la capacidad de conducir el coro radica la potencia que encarnan los líderes y movimientos populares.
¿Puede Milei conducir estos procesos? Las afirmaciones anteriores, relativas a que el discurso de LLA está configurando nuevos esquemas ideológicos que arraigan cada vez más en el sentido común de grandes sectores de la sociedad, puede ser exagerada, hiperbólica. Pero si en ellas reside una probabilidad, entonces la pregunta no es si Milei puede hacerlo, si no, más bien, cuándo lo habrá logrado. Por ello, independientemente de la coyuntura electoral, el desafío que expresa LLA está en lograr construir una opción política popular que realmente logre alejar el fantasma del extremismo que tantas veces en la historia ha sabido dirigir a la rebelión del coro.







