Letras Desnudas

Mario Caballero

¿A qué le supo la respuesta que dio Mario Delgado para justificar que Morena pospondría el anuncio del resultado de sus encuestas para elegir a los candidatos a gobernador y a jefe de gobierno de la Ciudad de México debido a que el tema de la paridad de género les generó retrasos?

A mí me supo a una asquerosa excusa. Como suele suceder en casos de este tipo, donde la respuesta parece ser demasiado simple para un problema tan complejo, el diablo está en los detalles.

No discuto que el tema de la paridad está resultando peor que un problema de hemorroides que los partidos no saben qué hacer para resolverlo. Puesto que implica no nada más hacer a un lado a los aspirantes varones mejor posicionados en los sondeos, sino también entrarle de lleno a un complejo ejercicio de definición de los criterios para decidir en qué estados postularán a hombres y en cuáles otros a mujeres.

A la sazón, ¿qué pueden hacer los partidos para no afectar a los políticos con mayor preferencia, respetar los resultados de las encuestas y al mismo tiempo cumplir con el principio de la paridad de género? La solución ciertamente no se antoja fácil.

Pero de ahí a que Mario Delgado alegue que su partido se tomaría unos días más para dar el anuncio de los nombres de sus candidatas y candidatos por ese motivo, no es más que un intento burdo de querer darnos atole con el dedo. A otro perro con ese hueso.

FRACTURA

Lo que en verdad sucede es que Morena se está ahogando en su propio estercolero. Las luchas intestinas por la candidatura a jefe de gobierno de la Ciudad de México es lo que verdaderamente propició que aplazaran el anuncio de los resultados de sus encuestas, y lo que está tratando al ganar un poco de tiempo no es otra cosa que evitar lo que ya parece inevitable: una fractura interna que lo ponga en riesgo no sólo de perder algunas gubernaturas, sino también la Presidencia de la República.

Esto parecería exagerado, pero no lo es. Juzgue usted.

El gobierno de la Ciudad de México es para Morena la joya de la corona y no sólo por tratarse de la capital del país, sino también porque desde los años noventa ahí se encuentra el bastión político y electoral más fuerte del lópezobradorismo, que en 2021 perdió la mitad de las alcaldías y por lo mismo no puede permitirse llegar al 2024 con un partido divido, fracturado, con choques internos, ya que eso supondría un descalabro más a su hegemonía y un latente fracaso electoral que puede llegar inclusive a abrirle la puerta a la oposición para que le arrebate la Presidencia.

Sin embargo, en este momento en Morena pueden más la ambición y la obstinación, que la razón y los acuerdos.

Por un lado, tenemos a Claudia Sheinbaum tratando de utilizar su “bastón de mando” de la Cuarta Transformación para imponer a su exsecretario de Seguridad, Omar García Harfuch, como candidato a jefe de gobierno. Por el otro, a los llamados “duros” de Morena, respaldados por el vocero de la Presidencia, Jesús Ramírez Cuevas, impulsando a Clara Brugada y encabezando una campaña mediática en contra de Harfuch.

Y la disputa ha llegado a tal grado que Claudia ya le pidió al presidente López Obrador la cabeza de Jesús Ramírez, quien hasta hace poco tiempo era uno de sus mayores aliados.

Pero que esto no lo confunda. No estamos frente a una normal y rutinaria disputa por el poder. Es, con todo rigor, una lucha que va más allá de ganar el gobierno capitalino. Lo que Claudia y los duros buscan es enfilarse por la Presidencia de México para el 2030.

Sépase que en los corrillos políticos se comenta que lo que Sheinbaum pretende realmente al imponer a Harfuch como candidato, es impulsar su sucesión anticipada con él a la cabeza. Sí, lanzarlo como su sucesor.

Recordemos que desde los noventa, la mayoría de los que fueron titulares del gobierno de la Ciudad de México han sido candidatos presidenciales. Ahí está Cuauhtémoc Cárdenas, Andrés Manuel López Obrador y la misma Claudia Sheinbaum.

No obstante, una cosa es lo que se pretenda y otra lo que puede ser. Porque si revisamos detenidamente quién entre Harfuch y Brugada representan en realidad al movimiento lopezobradorista, es Brugada sin lugar a dudas. Tiene una larga historia con el presidente López Obrador, un reconocimiento legítimo como política de izquierda y por lo mismo tiene mayores oportunidades de ganar la elección de la capital del país. Amén de que tan sólo en la alcaldía de Iztapalapa puede movilizar más de un millón y medio de votos para Morena.

Y si se quiere medir el tamaño de su poder, nada más hay que voltear a ver que su mano, junto con la de Jesús Ramírez Cuevas, estuvo detrás del fracaso del magno evento de la coordinadora de la 4T en el Estadio Azul, donde se firmaría el “Acuerdo de Unidad Nacional”, promovido por la misma exjefa de gobierno, pero que tuvo que ser cancelado porque casi nadie llegó al evento.

Omar García Harfuch, en cambio, tan sólo tiene una imagen mediática hecha al vapor.

Si piensa que con Brugada al frente del gobierno capitalino se pretende lanzarla como candidata presidencial en 2030, esto no es así. Fuentes a esta columna indican que a partir de 2025 uno de los hijos del presidente, Andrés Manuel López Beltrán, “Andy”, asumirá la dirigencia nacional de Morena para que comience a recorrer todo el país en una simulada campaña política, y así sea él quien busque la Presidencia dentro de seis años con su marca de nombre y apellido.

MÁS TRISTE TODAVÍA

Hay otra cosa que no podemos soslayar. Y es que Chiapas, en tiempos de la Cuarta Transformación, vuelve a ser un laboratorio político. Es decir, dependiendo de lo que Morena decida para el gobierno de la capital del país, será la persona que se elegirá como candidato al Gobierno del Estado.

Si Claudia Sheinbaum se sale con la suya y logra imponer a Harfuch, entones la candidatura aquí recaerá en mujer, por aquello de la paridad de género, y la favorecida será por tanto la senadora Sasil de León, quien es la mujer mejor posicionada entre las demás mujeres, que no entre todos los aspirantes.

Caso contrario, si es Clara Brugada, Eduardo Ramírez será ungido candidato, pues es el que ganó en todas las encuestas que salieron a la luz pública.

Así las cosas. Mario Delgado alega tropiezos en las definiciones de las candidaturas por el tema de la paridad de género cuando el verdadero problema es la división interna de Morena en la Ciudad de México, del cual depende la configuración de los gobiernos locales.

En fin, si Morena no logra garantizar su unidad y ponderar la rentabilidad individual de los aspirantes por encima de los intereses de grupo, llegará muy vulnerable a la elección presidencial, de la capital y, por supuesto, de Chiapas.

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