“Otis”, el huracán que es un desafío para la ciencia

Agencias
La intensidad que adquirió Otis al tocar tierra en la costa guerrerense tomó por sorpresa a los científicos del clima. Los datos de los sistemas de vigilancia no anticiparon el riesgo de una fuerza destructiva que detonaría el desastre en Acapulco y las poblaciones cercanas, pérdidas humanas y materiales.
Desde el domingo 22 de octubre por la mañana, el Servicio Meteorológico Nacional, de la Comisión Nacional del Agua (Conagua), en coordinación con el Centro Nacional de Huracanes, de Estados Unidos, seguían la formación de una depresión tropical en el Pacífico.
Los modelos y las imágenes de satélite no mostraban que el fenómeno se fortalecería de manera preocupante. El lunes 23 de octubre, el aviso fue de lluvias fuertes por la tormenta tropical Otis.
Al día siguiente, el martes 24, la CONAGUA informó en un comunicado que Otis se había intensificado a huracán categoría 4 y estimaba que llegaría a categoría 5 antes de impactar en costas de Guerrero.
Pero rápidamente, en cuestión de horas, a las 9 de la noche, se transformó en un huracán de categoría 5, la máxima de la escala Saffir-Simpson que se usa para clasificar a los huracanes con base en la velocidad de sus vientos y los daños producidos.
A las 22:00 horas, la CONAGUA alertó en redes sociales: “Se prevé que el huracán impacte entre Acapulco y Tecpan de Galeana entre las 4 y 6 de la mañana”.
Pero al cabo de unas horas, a las 0:25 de la madrugada, tiempo del centro de México, del miércoles 25 de octubre el huracán tocó tierra en las inmediaciones del puerto de Acapulco. Su poder arrasó la costa de Guerrero, con vientos máximos sostenidos de unos 270 kilómetros por hora.
Otis es uno de los huracanes más fuertes que han impactado en el Pacífico mexicano. ¿Qué condiciones determinaron el alcance de su intensidad en tan poco tiempo? ¿Por qué los sistemas de pronóstico no lo registraron?
El doctor Jorge Zavala Hidalgo, director del Instituto de Ciencias de la Atmósfera y Cambio Climático de la UNAM, nos describe las circunstancias necesarias para que un huracán adquiera intensidad rápidamente.
En primer lugar, la capa caliente del océano, también conocida como capa mezclada o límite, debe ser profunda.

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