BESTIARIO CHIAPANECO
Un espacio dedicado a la Asociación de Escritores y Poetas Chiapanecos, A.C.
Jorge Éver González Domínguez [email protected]
Puma
Con el andar esbelto de sus huellas, su pelaje dorado de afelpado mimetismo y su estampa de porte real, figura en la lista de los más gallardos. Soberano en la sierra, acecha solitario en las sombras mientras se dibuja la temida silueta en la arboleda.
Aniquila su apetencia con el desparpajo de sus dones: pupilas catalejos en la noche, saltos con un dejo de opulencia, ágiles patas de algodonosos resortes y un zarpazo tan mudo que la bestia parece hecha de humo.
Como cascabel en su cuello, un ronroneo crepuscular anuncia el sueño interminable de los felinos. Espera el silencio que vuelva el puma a rasgar la paz, con esa singular presencia que Apolo envidiaría.
Martha Elba
Zambrano Oropeza
Guacamaya
Llamaradas se reflejan en tus plumas rojas y en la punta de tu cola brilla el color del cielo como pasajero en tu intrépido vuelo.
Dama refinada de los bosques y la selva, tu rostro recrea la imagen exótica de una máscara de carnaval.
Reina del arte plumario de nuestra civilización, con tus plumas de seda vestían a las deidades y emperadores, que con el sol comparaban.
Regia estampa del ambiente tropical que, en el comercio ilegal ha despertado la codicia y la inconciencia, la pérdida forestal donde procreas tus hijos los condena a buscar otro lugar.
Cruel destino te avizora: mascota y exhibición, tus peligros inminentes.
Guacamaya rojo fuego, que siga pintando el cielo la libertad de tu especie, abra su conciencia el hombre y deje a un lado su avidez, sean tus gritos una arenga de bullicio y color.
Elena Díaz Carrión
Murciélago
En zigzagueante vuelo sobre tul oscuro, se pierde en segundos,
mientras la tarde viaja montada en sus negras alas.
El mamífero acuchilla la noche buscando alimento,
su olfato se impregna de frutos maduros y polillas.
Desde su caverna, construye terroríficas historias,
las esparce en cuentos, mitos y leyendas.
Por la noche engendra vida al besar las flores.
Las ondas sonoras rebotan en el hangar del cielo,
su enigma resbala en la negrura de sus alas, entre sangre, semillas y misterio.
Su voz se apaga en la madrugada, cuando se cuelga de su laberinto de silencio.
Jorge Éver González Domínguez
Del libro: BESTIARIO CHIAPANECO










