Revolución y salud

Jorge Alberto Rincón Acebo [email protected]

¿Eres revolucionario y autodestructivo? En toda revolución armada se destruyen y crean instituciones. Los bienes cambian a base de la fuerza de los propietarios.
No me refiero a la pacífica, cuando se aceleran los cambios a través de la experiencia-aprendizaje.
¡Imposible! ¡Es una negación! ¿Acaso el revolucionario no da su vida en una confrontación armada? No necesariamente.
Revolucionar es acelerar, optimizar.
Descartando padecimientos genéticos, autoinmunitarios y en parte neoplásicos malignos, se enferma a consecuencia de educación Autodestructiva.
No se piensa, se tiene fe. Aun dañándote estarás bien, de milagro es una entelequia ¡Solo existe en la imaginación!
Al alimentarte con productos procesados, refrescos embotellados ricos en azúcares, aceites vegetales y demonizar a la manteca.
Entra la revolución cuando el intelecto toma conciencia de ser utilizado para consumir, ser desechado previo consumo de medicamentos farmacéuticos. Desarrollando, aún los médicos, enfermedades metabólicas.
La toma de conciencia se inicia en el hogar. En el aprendizaje, en la acción a través del ejercicio, como se ha logrado realizar en China, observándose personas de la 7a, 8a y 9a década, con flexibilidad y autosuficiencia.
Aplicar la solidaridad a través de la cooperación, como en Japón 2011 y el desastre nuclear de Fukushima, aún vigente la contaminación radioactiva.
De los fenómenos naturales no se culpa al gobierno, aunque se maneja a nivel de desinformación la guerra, a través del programa HARRP.
Los medios informativos ensalzan a la ONU, OMS, OTAN.
Los hechos demuestran lo contrario.
Se pretende ignorar al 2% de la población mundial que posee todos los recursos y los vende caros. En México, que se desmanteló las vacunas que costaban menos de $20 y ahora cuestan miles.
Se compran al precio de la oferta y demanda, exigiendo mediadores.
Me despido con una reflexión de la escritora iraní británica Doris Lessing (22 X 1919 – 12 XI 2013 ) Nobel 2007:
Rebelde lleva la vida entera, borrarte los privilegios.
Inscribirte en la soledad del desacuerdo, dejar atrás a los usurpadores.
No hay premio a la rebeldía.
Las rebeldes saben de qué están hechos los premios, rechazan los mendrugos lanzada por la mano opresora.
Su premio es la vida. Impiden sea apropiada y usurpada.
Su rebeldía la cobija del desánimo del progreso.
Si alcanza la alegría en soledad, “ha vencido al mundo”.

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