La escuela tradicional: modelo civilizatorio

Lilia Ma. Calderón/Las Margaritas, Chiapas [email protected]

La escuela tradicional ha transmitido un modelo civilizatorio antropocéntrico, orientado a la eficacia y el éxito personal.

Es cierto que desde este modelo civilizatorio se han construido discursos y marcos legales que pretenden defender los derechos humanos, la democracia y la libertad. Sin embargo, se trata de una versión ambigua de derechos humanos, de democracia, de libertad y de ciudadanía, que se contradice a sí misma cuando genera y/o justifica diversos tipos de violencia, discriminación y procesos colonizadores.

El modelo civilizatorio dominante es, en realidad, un modelo de convivencia que requiere de las desigualdades y exclusiones. Se trata de un modelo de desarrollo o paradigma civilizatorio reductor y homogeneizante, cuya hegemonía supone justamente la destrucción -o al menos la desactivación y neutralización- de las alternativas cognitivas y tecnológicas de los patrimonios culturales de la humanidad.

Se trata de un modelo contingente, que no necesariamente tenía que imponerse sobre los otros, pero que se impuso gracias a procesos de colonización cultural, económica y militar. Este modelo civilizatorio, se trata de un progreso irreversible que se opone a la barbarie, entendida esta como ausencia de conocimiento científico y de tendencia al progreso.

En este sentido, las pedagogías implican formas concretas de interacción y de convivencia, verbigracia, el fundamentalismo pedagógico, el cual implica la canonización de una forma concreta de interacción y convivencia en los espacios educativos: la educación tradicional despliega interacciones fundamentadas en la distinción clara entre quien ya posee la verdad y quien aún no la posee, entre quien deposita conocimientos y la persona depositaria, entre quien controla los procesos y quienes reciben el control, entre quien examinan y quienes son objeto de examen.

Esta canonización se traduce en prácticas educativas colonizadoras, tendientes a extender los conocimientos, a llenar depósitos, a iluminar oscuridades, así como a desarrollar competencias requeridas y definidas a partir de determinados modelos de producción y consumo.

Ese mismo fundamentalismo, al verse desde la perspectiva religiosa, suele existir con o sin clases de educación religiosa, es decir: guarda relación no solo con las expresiones religiosas más visibles (ritos, enseñanzas doctrinales, símbolos y relatos sagrados), sino sobre todo con la traducción pedagógica de categorías religiosas fundamentales, como salvación, sacrificio o justificación.

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