El Nambiyiguá
Marco A. Orozco Zuarth. [email protected]
El sol estaba a punto de ocultarse y nosotros nos encontrábamos casi en la cima del cerro Nambiyiguá. Optamos por acampar, porque subir y bajar el cerro lleva más de un día.
-¿Por qué se llama Nambiyiguá? -preguntó Mario.
-Nambiyiguá en lengua chiapaneca significa “Cerro Brujo”, contestó el maestro Alfonsito.
-¿Cerro brujo? ¡Qué miedo! -dijeron todos-. ¡Ja, ja, ja, ja!…
-¿Y hay muchos brujos por aquí? -preguntó temeroso Joaquín.
-No tengan miedo muchacho, ya he venido varias veces con otros grupos y nadie nos ha espantado -dijo el maestro Alfonsito.
En casi todo el cerro hay vegetación, principalmente árboles de pino y encino. Dispersos en altozano se encuentran conejos, venados, cuichis y gato montés, el tigrillo chiapaneco.
-Escuchen, jóvenes, el cerro Nambiyiguá realmente es una maravilla de la naturaleza; pero está en peligro y puede desaparecer por culpa de cazadores y talamontes: de Terán llegan a cortar la Flor de Espadaña, planta que requiere de cientos de años para volver a crecer -comentó el maestro Alfonsito.
- Maestro, ¿es cierto que aquí vivían los “mapaches”?
-Bueno, aquí se escondía un grupo de finqueros apodado “Los mapaches”, que se rebelaron en contra del gobierno Carrancista en la época de la Revolución (1914-1920). Aquí se libró la batalla de mapachistas contra carrancistas.
Horas más tarde, arriba del cerro, todos teníamos miedo por los brujos o por los tigrillos; pero finalmente el cansancio nos venció y nos dormimos. Lo bueno es que no llovió. Al otro día, ya de regreso, pasamos por La Sirena, que es una vertiente misteriosa: había muchas frutas, las que comimos ahí mismo porque dicen que si se les lleva a otro lugar queda uno encantado y se pierde la razón.
El cerro Nambiyiguá, del municipio de Villaflores, es un celoso guardián de todo lo que sucede en La Frailesca. Es majestuoso y emblemático, un lugar maravilloso que todos debemos conservar.










