Politiquería en busca de curules, y la democracia, bien gracias
Está comprobado que eso de convertirse en líder político es la oportunidad de la vida para muchos que no soñaban con tener un panorama halagador para vivir como rey, claro, si tienes la habilidad de manejar a las masas y obtener de ellos, la aprobación de tus acciones.
Es evidente que dirigir un partido, contra todos los pronósticos, tiene muchas ventajas que hacen al personaje a vivir de manera holgada, y muchas veces no se requiere tener mucha experiencia, sino saber aprovechar el momento.
Ahí están los casos meteóricos de Samuel García y su esposa Mariana Rodríguez, quienes, en menos de una década, ya acaparan los reflectores al más alto nivel, aunque en su reciente escaramuza, hayan dado un estate quieto al gobernador de Nuevo León.
Otro más que supo engatusar a la gente fue el “democrático” Pedro Kumamoto, considerado la esperanza de la juventud en Jalisco y serio prospecto nacional, pero parece que su ambición lo traicionó. “A pesar de sus promesas se vendió por un plato de lentejas”, había dicho Enrique Alfaro, gobernador de aquella entidad donde predominan y dominan los mariachis.
Este cuento de las cualidades y aspiraciones de gente involucrada en la política, se ha marcado para tomar por asalto los puestos de representación popular como una forma de escalar a lo grande como lo es el Senado o la Cámara de Diputados.
Cierto que las relaciones políticas influyen de forma importante, si no, sólo habría que echar una mirada por las curules de los congresos de los estados, donde se tienen a hombres y mujeres improductivos para la exigencia que requiere un estado en desarrollo.
Todo esto es un preámbulo para cada que hay elecciones y que forma parte del punto final de todos aquellos que se mueven bajo el agua para tratar de alcanzar una diputación local o federal, e incluso hasta una regiduría, por el sistema plurinominal.
Esta manera tan burda de escoger a los representantes del pueblo tiene que ver con el conflicto de interés que se presenta en las dirigencias partidistas, donde chocan las posturas de quienes se creen merecedores por el trabajo realizado en campo, en defender la ideología y los colores de su bandera política contra los que están coludidos al más alto poder y sólo esperan ser bendecidos con el dedazo de la cúpula partidista.
En este proceso, en las próximas semanas se empezarán a escuchar y ver manifestaciones de inconformidad por la forma en que se “seleccionó” a los que se merecen una plurinominal. Apenas la semana que acaba de terminar el INE aprobó las candidaturas que le presentó el PAN al Senado. Aún no se sabe si en verdad hubo consensos y acuerdos, pues estos fueron avalados desde el Consejo General de Acción Nacional.
Lo que se puede adelantar, sin la menor equivocación, es que los dirigentes de los partidos PAN, PRI, PRD y MC, de seguro estarán en una curul de la Cámara Alta, sin dejar de lado que quienes están en las listas encabezando las fórmulas, tendrán el apoyo o la desaprobación de la militancia si no actúan conforme lo exige la ciudadanía.
La efervescencia política está al rojo vivo antes de que acabe el año. Apenas este lunes se fijaron los convenios de coalición donde los partidos establecieron la cuota de diputaciones por distritos. Lógico que, en el caso de Morena, lleva el 60 por ciento de porcentaje sobre PT y partido Verde, quienes se reparten el 40 por ciento restante. Una situación similar se presenta con el Frente Amplio por México, donde el Revolucionario Institucional y Acción Nacional se llevan la mayor parte en comparación con el PRD que le quedan prácticamente las migajas.
Sin embargo, para Morena, el partido en el poder, se le vienen días aciagos pues ha llegado al grado de tener que llegar a la nominación de los candidatos por el método de la insaculación, es decir, tendrán que meter en una tómbola, según el estado y el distrito, a los cientos de soñadores con un cargo de representación para elegir al “bueno”.
Lo que significa que en esa elección de sus candidatos de entre más de 14 mil en todo el país, podría decirse que tendrá muchos “levantadedos”, pues se apuntan para ver si se sacan la lotería, aunque en sus demarcaciones no los conozca más que su familia.
De ahí que la politiquería en tiempos de elecciones sirve para alcanzar curules en los estados y en la federación, aunque quienes nos representen no sepan ni como se llaman, menos que sepan representar los intereses de un pueblo hambriento de democracia y cuiden al ciudadano de los abusos del poder. Eso, ni soñarlo.










