La violencia de género y la escuela
Lilia Ma. Calderón/Las Margaritas, Chiapas. [email protected]
La violencia se encuentra en todas partes, en todo lugar donde se mantienen relaciones interpersonales de poder, aunque en muchas ocasiones es invisibilizada y poco reconocida por ser considerada como parte de la cultura y de la forma de ser de las personas y no como un problema social. La violencia es un comportamiento que está ligado a la forma como se conforman hombres y mujeres, como también a la vulnerabilidad en que se encuentran socialmente muchas mujeres. Cabe señalar que tanto hombres como mujeres pueden convertirse en víctimas o perpetradores de actos violentos, pero las características de la violencia que habitualmente se comete contra una mujer, difiere en aspectos cruciales.
La violencia de género ha sido definida como la que sufren las mujeres, porque son ellas quienes por su condición de género se encuentran en desventaja respecto a los hombres. Este tipo de violencia se basa en un sistema social (patriarcado) que distribuyen de manera desigual el poder entre mujeres y hombres. Además, las estadísticas muestran que las mujeres sufren en mayor medida este tipo de violencia, situación que no sucede con los hombres, aunque no por ello se quiere decir que ellos no sufren violencia, sí la sufren, pero no se basa en una estructura de reparto desigual de poder y derechos.
En este sentido, lo manifestado surge en una relación de desigualdad, se origina a partir de una posición y condición de superioridad de quien la ejerce y del estado de subordinación de quien la sufre. Esta asimetría en términos de poder no sólo reestructura las posiciones de los sujetos implicados en cada episodio, sino además hace que la violencia sea socialmente tolerada; es decir, la violencia de género tiene un origen social, denominado estereotipos de género, los cuales han impedido el desarrollo de las potencialidades humanas.
A las mujeres se les ha enseñado a ser sumisas y pasivas; el estereotipo para los hombres implica agresividad, fuerza y dominio hacia las mujeres. En ese sentido, la cultura patriarcal cosifica a las mujeres como objeto sexual y los hombres pueden apropiarse de su cuerpo.
Ahora bien, se hace necesario mencionar que la violencia es selectiva y está dirigida hacia quien tiene menos poder, por lo que las mujeres, niñas y ancianas, son los más susceptibles a ser víctimas. La escuela es un espacio central en la reconstrucción y difusión de contenidos culturales que condicionan los comportamientos sociales según los modelos dominantes vigentes en un tiempo y espacio determinado, por lo que se reconoce que el orden simbólico de género es producido y reproducido en gran medida a partir de la escuela; esta cumple un papel básico en la reproducción de las relaciones patriarcales, asignando roles sexuales específicos para hombres y mujeres, aprendiéndose normas, valores y pautas de conducta que favorecen la interiorización de los patrones sexistas y patriarcales en la sociedad.










