Esquivias y la felicidad colectiva

Eduardo Aguirre Romero / Esquivias, Castilla-La Mancha, España

Aquí conoció Cervantes a su esposa Catalina…

(Primera de dos partes)

La villa que cada año conmemora el desposorio de Cervantes y Catalina.
«Oh dulce España, patria querida», Miguel de Cervantes Saavedra
En el cervantismo, también tenemos nuestros santos lugares y Esquivias es uno de ellos. Lo afirmo desde el máximo respeto, consciente de que en esta villa toledana he asistido a un espectáculo tocado por los ángeles. Otras localidades hacen legítimas cábalas sobre esto y aquello, pero aquí lo que conmemoran ocurrió de verdad. Aquí se conocieron Miguel y Catalina, pues ella era esquiviense. Aquí celebraron el desposorio, el 12 de diciembre de 1584. ¿Cómo no sentir simpatía por Esquivias? No han hecho de dicha conmemoración un festejo más, sino una proclamación de felicidad colectiva y un ejemplo de lo que ha de ser tanto el buen turismo cultural, como su gestión desde una institución pública. Sin un ápice de chovinismo, pero con un orgullo que les irrumpe del corazón, felicito, pues, a la alcaldesa, Almudena González. Pero empecemos por el principio.
El pasado 7 de diciembre, impartí en las Jornadas Cervantinas -que coordinan el Ayuntamiento de Esquivias, la Casa Museo de Cervantes y la Sociedad Cervantista de Esquivias- una conferencia con el título “Catalina y el humor cervantino”. Precisamente, días atrás le había mencionado a mi mujer las ganas que tenía de conocer esta localidad. ¿Casualidad? ¿Regalo prenavideño? Pues dicho y hecho. Un correo de Susana García, responsable del Museo Casa Cervantes, me invitaba a impartir una conferencia. Y escogí hablarles de la influencia de Catalina en el humor cervantino, una cuestión poco tratada en las biografías, al tratarse de un sentimiento difícil -en teoría- de documentar. Sin embargo, el corazón también te señala caminos, que no por intuitivos dejan de ser acertados. A menudo, un hallazgo documental fue antes una intuición.
También se me dio la oportunidad de presentar mi libro “Entrevista a Cervantes” [Luna de Abajo,2022] a partir de la obra de teatro del mismo nombre, y en la que el escritor es interpretado por una actriz, la mexicana Ángeles Rodríguez, algo que -sin duda- a Catalina la hubiese hecho reír.
Siempre me ha parecida injusta la afirmación, tan frecuente en las biografías, de que Cervantes se asfixiaba en Esquivias. ¿Por qué iba a asfixiarse allí alguien que necesitaba soledad para escribir? Mero prejuicio urbano. También Nueva York puede asfixiar, si anhelas tu pueblo. Además, Toledo y Madrid le quedaban muy cerca. Otra cuestión es dónde ganarse el sustento y a él, su trabajo extraliterario le llevó a Andalucía. Pero Catalina fue siempre su Ítaca. ¿Cómo dudar que llevaba en el corazón a Esquivias, como todos pertenecemos al lugar en el que conocimos a quien amamos? De todo esto hablé en mi conferencia, pues creo que el humor cervantino no hubiese podido darse sin la felicidad conyugal que al escritor le aportó Catalina, y que mutuamente se aportaron. Posiblemente, con sus cosillas, pues ni él ni ella hubieron de ser personas convencionales. La infelicidad conyugal es compatible con el humor, pero suele hacerlo derivar a una mordacidad satírica, registro antagónico del universo vital cervantino. En la obra de Cervantes hay una visión muy positiva de la mujer, independientemente de algunas ideas propias de la época y que hoy pueden parecernos reaccionarias. Otras heridas pueden rastrearse en sus obras, pero no esa. Conoció penalidades, pero no la del desamor. Catalina hubo de ser, pues, una esposa adecuada para él. Y él, el hombre adecuado para ella, a su valía.
De haber sido desdichado con Catalina, el humor del Quijote hubiera sido… quevedesco. Y desde luego, no se habría despedido del mundo con su vital “Adiós, gracias. Adiós, donaires”. A Catalina le debemos la publicación póstuma del Persiles, pero también que el escritor pudiese centrarse en la publicación de su obra, en esa década prodigiosa que va desde 1605 a 1615….

Continuará.

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