Cronista Independiente…
Gilberto Fco. Vázquez Domínguez / Chiapa de Corzo, Chiapas
Cerca del majestuoso, legendario e imponente Cañón del Sumidero, sobre la Carreta Panamericana, se localiza el entronque de la Ribera Cahuaré, el cual separa la población del lugar turístico. Muy cerca de ahí está la parada oficial del transporte público; a unos pasos se encuentra Tía Lupita, lugar donde puedes disfrutar del pozol (blanco o de cacao), bien frio; y antojitos como las empanadas y los tacos fritos para disipar el hambre del medio día.
En esta demarcación poblacional está inmersa la “Finca Buena Vista Cahuaré” de la Familia Domínguez Coello, integrada por el Sr. Gilberto Domínguez Fonseca (1926-2008) y la Sra. Irma Coello Borraz (1943), quienes procrearon 8 hijos: José Antonio (+), Ismael de Jesús, Rosareli, Maribel Francisca, Gilberto, Elvira del Carmen, Oscar e Irma Mercedes.
El ingreso a la finca es muy austero, cuenta con un portón de fierro colocado entre columnas redondas que dan el ingreso a cualquier visita, teniendo que pasar por un camino pedregoso y con algunas sombras que producen los árboles de mango. El camino nos lleva a una plancha de cemento, antesala de la casa grande (como le llaman sus familiares).
Alrededor de las trece horas, los familiares empezaron a llegar a la casa de Doña Irma. Es costumbre de la familia reunirse en el área del comedor, ahí hay quienes cómodamente escogen una silla o en su caso, el afortunado que utiliza la hamaca, que se encuentra cerca de ahí.
La mesa redonda del comedor es de tablas muy gruesas y pesadas, al parecer de madera de matilisguate o como actualmente le llaman: parota; este mueble ha sido fiel testigo de muchos acontecimientos familiares: desde el compartir los alimentos, degustar un “bombazo” como decía Don Gil cuando tomaba su tequila (blanco de José Cuervo), de la elaboración de una exquisita barbacoa (con la receta secreta de Doña Irma), o hasta de armoniosas pláticas.
Después de saludarse, algunos familiares se dirigieron a la cocina y solo tres permanecieron sentados. Así fue que nuevamente el comedor hizo de las suyas, reuniendo a tres artistas: “Dos Músicos y Un Poeta”; para ser testigo de la plática de estos personajes.
-¡Ya está encima la fiesta de enero!, hace unos días me hablo Rubisel (refiriéndose al Mtro. Rubisel Gómez Nigenda, “Patrón de los Parachicos”). Dijo Ismael (1963), quien es un músico nato y experimentado.
-¡Ya hombre! ¿Y qué te dijo? Interrumpió Tío Roque (1938), quien es un poeta empírico.
-Llamó para felicitarme personalmente, ya que hace poquito escuchó la Canción a “San Sebastián Mártir” y me dijo que la música le pareció muy bonita, pero sobre todo muy alegre. Y a ti, Anahí (2003) ¿cómo te ha ido en la escuela?
-Bien, hace poco tiempo presenté mi recital de cambio de nivel del séptimo semestre de marimba. Y la verdad me fue muy bien, ya me inscribí al siguiente semestre. Y usted Tío, ¿cómo le va? (refiriéndose a Tío Roque).
-Pues hija, qué te puedo decir, la falta presencial de mi musa, tu Tía Petronita, cada día es más desgarradora; apenas han pasado ocho meses de su ausencia y siento que es una eternidad.
Este fragmento del diálogo me dejó impactado; pues conocer a tres personajes escondidos en la bella Cahuaré, cobra sentido que, en cada rincón de nuestro Chiapa de Corzo hay artistas natos, destacados en su localidad y otros que han traspasado fronteras.
En próximas publicaciones haré entrega de la vida y obra de “Dos músicos: Ismael de Jesús Domínguez Coello (1963), Anahí Gutiérrez Domínguez (2003); y un Poeta: Roque L. Camacho López (1938)”.










