Más de lo mismo, inclusive algo peor

Letras Desnudas

Mario Caballero

El domingo me vi en la necesidad de ir al centro de la ciudad a realizar diversas diligencias. Tratando de evitar el tráfico vehicular y el problema de encontrar un espacio de aparcamiento, decidí tomar el transporte público. “Me voy en combi y regreso en taxi”, le dije a mi esposa.

Dicho y hecho. Salí a la esquina, le hice la parada al colectivo y traté de acomodarme en una de las incomodísimas bancas, que según el chofer es para siete personas, pero sólo caben seis y con mucho trabajo, y hasta eso delgadas.

Bueno. En esa banca ya iban cinco pasajeros, todos rechonchos y con carga. Tres llevaban mochilas, uno una caja de cartón y el último una hielera. “Me dan un espacio, por favor”, les pedí. El de la hielera hizo el intento de hacerse a un ladito, pero los demás dirigieron la mirada hacia las ventanas, como buscando algo, y lo que encontraron fue hacerse guaje. Total, me senté, como dijera mi abuela, “con la punta de la nalga”.

Fue una odisea recorrer esas 15 calles que me separaban del centro de la ciudad. Aparte de la incomodidad, el calor era insoportable en la combi, que era una de esas unidades que tienen el lema “Plan Emergente” estampado arriba del parabrisas. Por un momento cómo extrañé el extinto Conejobús, aunque terminaron siendo armatostes destartalados por falta de mantenimiento, por lo menos ibas bien sentado.

Para acabarla, tuve que soportar la propaganda política de Aquiles Espinosa García con su carota pegada en el medallón. Para los que no sepan, él es el responsable de ese dichoso plan emergente, que según los exsocios del Conejobús se trata de una argucia para no devolverles las concesiones de las rutas uno y dos de Tuxtla Gutiérrez.

Lo único bueno de esa fatigosa e indignante travesía fue lo que vi y escuché en el colectivo.

Una señora de huipil y morraleta, ya de la tercera edad, se quejó de la pésima conducción y el mal estado del vehículo. El chofer que a leguas se ve que nunca ha llevado un curso de conducir y menos todavía de buenos modales, le respondió: “si no le gusta, bájese, tía”.

Otra persona, un hombre de prominente barriga, iba platicando con su compañero de asiento sobre el pésimo estado de las calles. Alguien más, interviniendo en la misma conversación, dijo que en la cuadra de su casa llegaron algunos trabajadores de Smapa según a reparar una fuga de agua, pero en su lugar dejaron un gran boquete y ahora tienen que soportar la peste por la fuga de aguas negras, más la acumulación de basura.

Y no faltó el que adujera haber sido atracado en las vialidades aledañas al mercado municipal.

Treinta minutos después de ese trayecto que no debió llevarme más de la mitad de tiempo si las calles estuvieran en condiciones óptimas y si hubiera una mejor señalización, vías alternas y agentes de tránsito descongestionando el tráfico vehicular, llegué a mi destino.

Después de realizar mis actividades me encaminé al mercado Juan Sabines, antes Gustavo Díaz Ordaz, y, para hacer más hermoso mi domingo, otro drama.

Si de por sí da coraje pasar por las calles de la ciudad en coche, donde se acaban las suspensiones entre tanto bache e imperfecciones de todo tipo, atravesarlas a pie es una pesadilla.

Hay que saltar hoyos, zigzaguear entre charcos de agua malolientes y montones de basura, tropezarse con tornillos que salen del asfalto y, por si fuera poco, arriesgar la vida al verse obligado a caminar casi en medio de la calle ya que no se puede por las banquetas, que están atestadas de vendedores ambulantes.

En menos palabras, lo que pasa en el centro de la capital es reflejo de la incapacidad para gobernar.

MÁS DE LO MISMO

Como mucha gente lo ha dicho: a Tuxtla no llegó la Cuarta Transformación. Ni llegará. Si a la gestión de Carlos Morales Vázquez le queda poco tiempo y en los más de cinco años que ha ocupado la presidencia municipal sus resultados son prácticamente nulos en cada uno de los rubros del gobierno, nada podemos esperar si logra imponer a Aquiles Espinosa como su sucesor, salvo más de lo mismo.

Porque eso es lo que representa Aquiles Espinosa, más de lo mismo. Es más, podría llevar a la capital a una crisis de inseguridad y gubernamental peor de la que hayamos vivido en tiempos recientes.

Para empezar, no es tuxtleco, sino del municipio de Jiquipilas. Y lo que Tuxtla necesita para salir adelante es un tuxtleco con arraigo, que conozca la problemática social y que haya mostrado con anterioridad un compromiso real con la ciudadanía. Ya vimos lo que pasó al permitir que un extraño, un no tuxtleco, por decirlo así, tomara las riendas del gobierno. Como Carlos Morales, originario de Ocozocoautla.

En segundo lugar, no ha ocupado grandes cargos públicos y no sabe administrar. Antes del puesto reciente fungió como diputado local, pero por la vía plurinominal, y aunque como secretario de Estado manejó los recursos de la dependencia sus resultados fueron los peores.

En su administración aumentó la cifra de taxis piratas en el estado, el pago de impuestos y el costo por emplacamiento de transporte público; además, diseñó una nueva Ley de Movilidad en Chiapas que utilizó en su propio beneficio. Colocó a sus sobrinos y amigos en puestos clave en el control de los recursos, y esto llevó a que algunos de ellos fueran señalados de vender concesiones de taxi entre 150 y 180 mil pesos en distintas ocasiones.

No es todo. Uno de los principales líderes transportistas en el estado lo acusó públicamente de repartir placas entre empresarios, políticos, funcionarios y amigos para su posterior reventa. Asimismo, por tolerar que unidades de transporte colectivo operaran con placas sobrepuestas e inclusive por pedir moches a diversos transportistas en los municipios como si tratara de un cobro de piso.

Tercero, y no menor en importancia, a Aquiles no le interesa el bienestar de las personas. Esto podemos verlo en el abandono en que ha dejado a los exsocios del Conejobús, a los que no les devuelve las concesiones de las rutas uno y dos y a los que tampoco les paga la deuda por la renta de las placas, que ya asciende a más de 160 millones de pesos.

También en el deplorable estado en que se encuentran las unidades de transporte público colectivo. De estar interesado en la satisfacción, tranquilidad y comodidad de los usuarios, hubiera realizado una mayor supervisión de los carros, de la capacidad e idoneidad de los choferes y del servicio en general.

No lo hizo. Sólo le preocupó cómo meterse dinero utilizando el cargo para financiar su actual proyecto a la alcaldía tuxtleca, que según diversas investigaciones periodísticas gasta más de un millón de pesos diarios en propaganda, entre espectaculares, bardas, lonas, anuncios en paradas de transporte público, carros publicitarios y en páginas de internet y redes sociales.

INDOLENCIA

Por último, es un funcionario indolente al que le vienen en poco las necesidades de los demás.

¿Recuerda el accidente donde tres personas perdieron la vida al chocar el colectivo donde viajaban contra un poste de concreto sobre el libramiento norte de la capital chiapaneca? Pues a los familiares de las víctimas no les hizo ni siquiera una llamada para darles el pésame.

Lo sostengo: Aquiles Espinosa representa más de lo mismo que hemos vivido los últimos años, inclusive algo peor.

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