Investigadores chiapanecos probaron el uso de fibras orgánicas para hacer ladrillos ecológicos.
Marco Alvarado / Diario de Chiapas
Una planta ornamental que atrajo el interés de las clases altas en México hace más de un siglo, es hoy una seria amenaza para distintos cuerpos de agua en el país y su biodiversidad.
El lirio acuático se adapta con facilidad a diferentes ambientes y temperaturas, y rápidamente logró salir del centro de México, donde fue introducido por primera vez, para asentarse en lagos y lagunas, como en el caso de Chiapas.
Hoy el lirio acuático es considerado una plaga, sin embargo, especialistas en ingeniería ambiental plantean que, igual que sucede con el sargazo que afecta las costas del caribe mexicano, se puede aprovechar esta planta para diversos usos, y con ello evitar una catástrofe ambiental.
PELIGRO AMAZÓNICO
No está claro quién introdujo a México esta planta originaria del Amazonas. Algunas versiones señalan incluso que fue el presidente Porfirio Díaz quien ordenó adornar con lirio un humedal en Xochimilco, en un gesto para agradar a su esposa Carmen Romero Rubio.
Lo que sí se sabe es que antes de 1897 el lirio acuático era inexistente en nuestro país, y todo apunta a que fue durante el Porfiriato cuando se introdujo al lirio en el ecosistema nacional, ya que por aquellos años era una planta que atraía a las familias adineradas para adornar sus estanques, sin imaginar que décadas después invadiría otros lagos y sería imparable.
Su reproducción sin control le facilitó conquistar otros territorios y una de sus primeras víctimas fue el Lago de Chapala, de ahí se reprodujo con tal rapidez que para el año de 1906 ya se le identificaba como una plaga.
Incluso en Estados Unidos se le consideró años antes una planta invasora, que logró adaptarse a condiciones muy diversas en la India, Indonesia, Australia y varios países de África.




HACERLO ÚTIL
Francisco Morales Márquez, estudiante de Ingeniería Ambiental, de la Universidad de Ciencias y Artes de Chiapas (Unicach), comentó en una entrevista que buscaron la manera de aprovechar el lirio, cuya fibra ofrece varias opciones de aprovechamiento, inspirados en el combate que desde hace muchos años se libra contra el sargazo.
Fue en este sentido que pusieron su mirada en la laguna Cupasmí, en Chiapa de Corzo, prácticamente invadida por el lirio, y comenzaron a explorar posibilidades de uso.
En el caso de los investigadores chiapanecos, encontraron que es factible hacer una mezcla de arcillas con lirio, para crear lo que ellos denominan un ladrillo ecológico, que pueda ser comercializado y, además, aporte características térmicas.
“Vimos que la incorporación del lirio mejora la resistencia del ladrillo, y eso abre la posibilidad de un aprovechamiento sustentable frente a una plaga que afecta cuerpos de agua, en el caso de Chiapas, el sistema lagunar de Catazajá, y también la presa de Malpaso y Peñitas, pero especialmente queremos enfocarnos en las áreas naturales protegidas”.
Explicó que el lirio afecta a la población de peces porque “roba” el oxígeno del agua, además que se traslada fácilmente en las patas de un ave y conquista nuevos territorios. Incluso un sólo lirio es suficiente para dar inicio a una conquista.
Morales Marquez se muestra seguro con la propuesta del ladrillo ecológico porque los estudios en laboratorio respaldan la fiabilidad de las fibras orgánicas en la mezcla con las arcillas para elaborar ladrillos; ahora esta investigación se encamina a obtener los certificados de calidad y seguridad necesarios, que permitan llevar esta innovación a más empresas.
“Con los certificados de calidad en nuestras manos podemos empezar a producir estos ladrillos, con mezclas que se adapten a las necesidades del mercado, incluso hemos visto que el uso de esta fibra contribuye a que estos ladrillos reduzcan la sensación térmica hasta en cinco grados, es decir, su empleo es factible en regiones con mucho calor”.
Al igual que el sargazo, la ciencia ofrece opciones para el lirio acuático, por ejemplo, ha demostrado ser útil para producir biogás, para composteo, e inclusive en la creación de prebióticos.
Otro uso es el que proponen los investigadores chiapanecos, que ofrece el potencial de mejorar un producto de amplia demanda, y al mismo tiempo salvar a lagos y lagunas de esta plaga










