Enrique Flores Amastal Ciudad de México
DADORA DE VIDA
Hoy miré tus tobillos
lentamente recorrí
tu anatomía,
maravillado exclamé:
¡Mujer espléndida!
Me miraste y sonreíste
y para mayor castigo
dejaste ver tu maravillosa apariencia.
Me crecí al castigo,
de reojo me mirabas
y entre sorbo y sorbo de café,
dueña del ruedo me toreabas.
Cual toro en ruedo
envestí tu falda corta,
paraíso perdido
será el deseo no cumplido.
¡Dadora de vida te creciste!
Miré tus labios húmedos,
entreabiertos y quise ser café
para poseerte.
Eres ajena, lo sé
y así me incitas al combate.
¿Qué hacer cuando la separación
es larga a pesar de ser
un metro de distancia?
Un hola, quizá,
es la llave para acortar distancia.
Luchan tus senos
por romper el corpiño
batalla perdida. Dadora de vida.
EL PASADO
Te cuento mi historia
con un vaso de buen vino,
pan y queso, y velas también,
escucharé fragmentos de tu vida
aunque siempre evitarás
decir a quién diste el primer beso.
Nuestras historias
son como nubes
que han desaparecido en el horizonte.
No te conocía
no estaba en tu pensamiento
y menos en tus sueños.
Hoy nos consume el hastío.
Enrique Flores Amastal










