José Luis León Robles
Muy buenos días distinguidos lectores, el día de hoy el tema es en relación a la historia del circo que nos entretiene como familia, y no de aquellos políticos que quieren ser payasos sin ser su profesión, y tampoco el circo que quieren realizar a su alrededor, muchos políticos denigran el trabajo honesto de los payasos que a lo largo de la historia del ser humano han tratado de cultivar risas y entretenimientos. Pero lo que usted no sabe lector, es que el circo su origen radica en el continente europeo que era integrado por un conjunto de ejecuciones especializados en variadas suertes acrobáticas (equilibristas, maromeros, trapecistas, prestidigitadores e ilusionistas, malabaristas) o en la doma y el amaestrador de animales y amenizado por la indefectible turba de payasos llegó a México desde mediados del siglo XIX. Se dice que a partir de entonces data la visita de compañías extranjeras y la formación de compañías nacionales, que actuaban en la capital y en las principales ciudades de provincia mediante giras esporádicas o periódicas que lograron despertar y consolidar el gusto por este espectáculo en las distintas clases sociales. A quien se le debe considerar como el redentor del circo moderno en México, el inglés Philip Lailson, quien anunció por primera vez en nuestro país el Real Circo de Equitación; para entonces llegaron innumerables franceses, italianos, ingleses y españoles que hicieron gala de sus habilidades acrobáticas, gimnásticas, de equilibrio, como hombres fuertes y en la prestidigitación. Para el año de 1831 el Circo Ecuestre de Charles Green de los E.U., presentando las primeras pantomimas circenses. En 1841 surgió el Circo Olímpico de José Soledad Aycardo, que era ecuestre, titiritero, acróbata y payaso versificador, él fue propiamente el primer empresario circense mexicano. Años después, surge la figura de José Miguel Suárez en 1853, fundador de una familia que se ha distinguido en la acrobacia ecuestre durante seis generaciones, dado que tiene siglo y medio de permanencia en la vida circense mexicana. En la época de Maximiliano de Habsburgo a la Ciudad de México, debutó en 1864 el Circo de Giuseppe Chiarini, propiedad de un carismático italiano, precursor en traer novedades artísticas de Europa y Estados Unidos, sus magnificentes actos ecuestres, el primero que estrenó alumbrado de gas, construyó un moderno circo-teatro y trajo otra serie de adelantos que lo señalaron como el lugar de diversión predilecto de los espectadores de diversas clases sociales. Una vez que llegaron aparecen los grandes barcos a vapor y el ferrocarril, empezaron a arribar gran cantidad de circos extranjeros a México, mencionaremos solo algunos. Esta historia a lo largo de los años y para quienes crecimos con este bello espectáculo, realmente valoramos ese trabajo tan dedicado a entretener a familia para todas las edades, sin embargo lo cierto es que también, para las generaciones actuales ya no los entretiene el circo clásico, muchos conocedores dicen que la magia se fue con la ley que prohíbe tener animales en espectáculos públicos, y ahorita no me vayan a mencionar y las corridas de toro porque a ellos si se les permite, ese tema ya es harina de otro costal. Espero que para quienes son padres de familia, sigan llevando a ese espectáculo tan familiar y bonito, que no se acabe el circo. Si el creador nos lo permite, nos estaremos leyendo la siguiente semana.










