Tercera llamada: Atender la zona Lacandona
Contra todos los pronósticos, Diario de Chiapas logró llegar hasta el mismo corazón de la Selva Lacandona para verificar de primera mano qué tan cierto es la situación de inestabilidad en los centros ecoturísticos, provocada por supuestos grupos criminales.
Lo que se encontró fueron negocios cerrados, con lacandones prestadores de servicios, desesperados porque una mala campaña mediática les ha pegado donde más les duele, y es justamente en los bolsillos. No hay entradas económicas simplemente porque el turismo se espantó y canceló el 90 por ciento de las reservaciones que tenían programadas para las zonas emblemáticas del pueblo maya lacandón.
Un recorrido del reportero Carlos Rosales por esta zona demuestra que no todo lo que se manifiesta a través de las redes sociales y medios de comunicación es certero. Las autoridades ejidales confirmaron que no hay tal inseguridad ni la presencia intimidatoria de grupos delincuenciales, sino que el bajón que se tuvo en la afluencia del turismo se debió a que las agencias de viajes fueron las que empezaron a cobrar altas tarifas en la prestación del servicio y como los lacandones protestaron, en respuesta, fueron éstas las que provocaron el efecto dominó en cuanto a una supuesta inseguridad.
Atribuyen a información falsa que algunas agencias de viaje, insistieron, inventaron para ahuyentar al turismo ante la inconformidad por la actualización de las tarifas por el traslado a Bonampak, zona arqueológica que, por cierto, también está abierta.
Si lo que dicen los lacandones es cierto, no se comprende porque fueron las agencias de viajes las que propiciaron la estampida. Pierden éstas como los prestadores de servicios. Apenas dos camiones, relata el reportero de esta casa editorial, que llegaron con unos 20 turistas, durante su presencia física en la zona. Esto es grave y, por lo tanto, urge que se emprenda una intensa campaña para reactivar la economía.
Sea este el argumento u otro, ya no tiene sentido discutirlo, si no ver la forma de que el turismo local, nacional y extranjero arribe a deleitarse de los hermosos paisajes, ríos, montañas, lagos y demás sitios que aún existen en este llamado pulmón forestal del país.
La Secretaría de Turismo debe visualizar una estrategia para volver “a la normalidad” a esta zona. Así como Diario de Chiapas arribó por sus propios medios a la Selva Lacandona, por lo menos, debe trazarse una cruzada informativa para que aquellos medios tendenciosos constaten que lo que se dijo no es cierto.
En Lacanjá Chansayab su población hace un exhorto a promocionar que no hay nada de qué temer. La desesperación por ver que se regularice la afluencia los tiene en ancuas. Aseguran que en los centros ecoturísticos y zonas arqueológicas de la Selva Lacandona no hay hombres armados, pues la propia comunidad vigila para salvaguardar la integridad de los visitantes.
En el recorrido que se hizo a la zona el fin de semana pasado, se visualizaron policías comunitarios y municipales en la entrada de la comunidad para restaurar el orden, pero de nada sirve si la zona está desierta de turismo.
A este problema también hay otro grave y es la invasión de terrenos por parte de pobladores choles y tzeltales. La pérdida de más de 300 de 600 mil hectáreas que estaban en poder de los lacandones es otro problema, ahora jurídico, que se encuentra en litigio en el Tribunal Agrario.
Roger Eli Díaz, representante del pueblo lacandón, no descarta problemas, por este motivo. Desde el año 1971, al pueblo Lacandón se le reconoció dueño de 614 mil 321 hectáreas. Pasado el tiempo, gobierno comenzó a crear ejidos y poblados nuevos y fue cuando perdieron 114 mil 321 hectáreas; además, la llegada de más pobladores que conformaron sus comunidades en la zona, les redujo a 300 mil hectáreas.
Aunque no se vislumbran problemas a primera vista, la decisión que pueda arrojar el Tribunal Agrario podría empezar a crear sombríos escenarios que no estará de más que el gobierno federal y estatal se aboquen a resolver.
Más cuando en la zona se asegura que son los choles los que han acabado con la mayor parte de su territorio, pero, además, como cereza al pastel, la tala ilegal y comercialización de flora y fauna silvestre en los últimos años, está acabando con esta reserva.
Ojalá sea un grito a tiempo y no se empiecen en poco tiempo las lamentaciones. No sea que vaya a pasar algo parecido a lo que registra la Ciudad de México que puede llegar a quedar sin agua de forma definitiva. Lo mismo podría decirse con este pedazo de pulmón ambiental de Chiapas, por ella no es esta la primera ni la segunda, sino la tercera llamada para que se aboquen a ponerle una solución al tema.










