Gricelda Mercado, La Pintora del Otoño
Jorge Éver González Domínguez / Chiapa de Corzo, Chiapas [email protected]
Naucalpan, Estado de México, 1982.
Artista plástico, radicada en Tuxtla Gutiérrez, Chiapas.
Realizó sus estudios profesionales en el Instituto Politécnico Nacional ESAI-Tecamachalco, la carrera de Ingeniero Arquitecto.
Su inicio en la pintura surge a muy temprana edad como autodidacta, influenciada por su obsesión y sensibilidad al arte y a la música: sus ejes atmosféricos.
Nombrada como La Pintora del Otoño. Para ella, el pintar es una forma de desnudar el alma. Es transformar lo tangible e intangible de lo que percibe de su entorno.
Cada color representa una energía, dando vida y dejando huella del tiempo, crea personajes y símbolos a través de lo figurativo y abstracto, complaciendo el juego del caos inconsciente y subconsciente en la composición.
El manejo de las diversas técnicas que usa, simbolizan una liberación. Su constante hoja de maple representa la atemporalidad de los ciclos. Pasando cada serie por temples, óleos, acuarelas, acrílicos, mixtas, etcétera. Cada serie es una impresión de historias y poemas.
Gricelda es una mujer de metas claras, creativa, exigente, obsesionada en su ambiente muy particular para crear piezas bidimensionales de resultados irónicos y emociones de su fuerte pasión por las bellas artes, especialmente la pintura, música y arquitectura.
La arquitecto, en entrevista nos dice:
“La pintura llega a mi vida desde la infancia, lo que me llevó a participar en diversos concursos: El niño y la mar y algunas convocatorias nacionales.
He comprendido que la pintura es un medio de comunicación con el mundo, es crear emociones propias, tanto de mi parte como creadora, como las de quien la admira. En esta última, el objetivo se logra ya que el arte que se hace a través de mis manos, son el medio que comunica mis pensamientos de lo tangible e intangible del ser, de esa búsqueda del origen del caos para lograr el equilibrio. Mi motivo es inspirar, conectar, es crear mundos paralelos, sueños; yo soy solo un instrumento.
La escuela de artes puede proporcionar una base sólida en técnicas artísticas y teoría, pero hay ciertos aspectos de la vida profesional y personal, que puede no cubrir completamente.
Un buen pintor debe tener un dominio sólido de las técnicas de pintura, incluyendo el uso del color, la composición, la luz y la sombra, visión creativa: siendo esta la única que puede comunicar a través de su arte. Esto puede implicar la capacidad de ver el mundo de una manera diferente y transmitir esa visión a los demás; su pasión, dedicación (tiempo y esfuerzo), capacidad para evocar emociones y disposición para tomar riesgos etc.
Me gustaría que me recordaran por mi estilo único, por la influencia e inspiración que haya podido provocar en otros. ¡Por mi innovación en los lienzos! Y por qué no: como La pintora del otoño, quien en toda su obra siempre mantuvo presente la estación de los sueños y la nostalgia, siempre abierta al diálogo de la emociones y energías de una obra con vida propia”, concluyó la artista.
La joven pintora siente que lo más entrañable que le ha sucedido, ha sido la conexión con la audiencia, el crecimiento personal y haber tenido la oportunidad de convivir con grandes maestros.










