Discursos de odio: expresiones de violencia

Lilia Ma. Calderón/Las Margaritas, Chiapas [email protected]

Pese a que el derecho de libre expresión fue pensado como una libertad individual, hoy en día, amparados en el ejercicio de la libertad de expresión, se propagan discursos de ciertos colectivos sociales contra otros. Estos mensajes se conocen como discursos de odio, que están integrados por expresiones que incitan a la violencia, la discriminación, el odio y la animadversión hacia una persona o grupos de personas debido a su religión, género, orientación sexual, discapacidad, nacionalidad, propiciando la intolerancia y la hostilidad.
La comunidad científica internacional ha intentado definir estos discursos, quienes señalan que el término discurso de odio proviene de la traducción del inglés hate speech y que este proviene de la expresión hate crime, que tiene relación con el cometimiento de crímenes en contra de ciertas personas debido al grupo social al que pertenecen o el género con el que se identifican. Estos discursos pueden difundirse de forma oral, escrita, audiovisual, en los medios de comunicación o en internet y buscan apelar a la emoción más que a la razón y resaltar cierta actitud de dominio de uno sobre otro y de esta forma silenciar a determinados grupos sociales.
Los discursos más recurrentes son aquellos que subrayan diferencias étnicas, sociales, sexuales y religiosas; en este sentido, puede decirse que un discurso puede ser considerado de odio si cumple cuatro criterios básicos: criterio de un grupo en situación de vulnerabilidad tipificado; criterio de humillación; criterio de malignidad; y criterio de intencionalidad. El primer criterio se refiere a grupos históricamente discriminados. El segundo tiene que ver con la agresión o humillación a símbolos representativos de un determinado grupo social. El tercer criterio implica una invitación para humillar y denigrar a personas de grupos en situaciones de vulnerabilidad. Finalmente, el criterio de intencionalidad comprende la intención de humillar o excluir.
Frente a esta realidad existe una preocupación aún mayor y es que los discursos ya no solo se remiten a espacios físicos, tangibles, sino que ahora han migrado al mayor espacio de todos los tiempos y en el que es más difícil atajarlos: internet y, en concreto, las redes sociales.
En relación con estos últimos, surgen posibles cuestiones éticas y legales en cuanto a si la diseminación de material racista tendría que estar prohibido en la sociedad, ya que las redes sociales conforman el lugar perfecto para que cierto contenido se viralice. Como resultado de este tipo de daño directo e indirecto, las víctimas pueden verse directamente influenciadas por esos discursos y, a su vez, llegar a convertirse en parte del movimiento pasando a apoyar sus acciones por el carácter cohesionador de las redes sociales, por lo que se convierten en el caldo de cultivo para el incremento de abusos o actos violentos, pudiendo pasar al plano de la cotidianidad.

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