Miguel de Cervantes Saavedra, comisario real en Écija

21 nuevos documentos inéditos…

La «ciudad más barroca de Andalucía».

(Segunda y última parte)

Ese bizcocho permitiría a la Armada Invencible partir de los puertos portugueses en el verano, todo ello a crédito, ya que no quedaba dinero en las arcas de la Real Hacienda. La información judicial que presentó el propio Cervantes al Consejo de Hacienda con las instrucciones exhibidas por Antonio de Guevara al cabildo de Écija, para que Cervantes retirase la harina de la molienda sin pagar, cuyo traslado certifica el escribano Antonio Tropel, el 14 de julio de 1588. Ciertamente dichos testimonios reflejan la inteligencia y la sangre fría del Comisario y Juez del Consejo de Hacienda, Miguel de Cervantes Saavedra, lo que le permitirá evitar que en años posteriores fuese procesado y ahorcado en el Puerto de Santa María junto a sus ayudantes, inter alia, Francisco Benito de Mena, Iñigo de Lezana, Pedro de Gárate y Pedro de Aragón, en enero de 1593.
Hoy, con la visión que nos proporcionan los cuatrocientos años de historia de los hechos que narran las declaraciones de los vecinos de Écija, nos damos cuenta de que Cervantes parece el único superviviente de los compañeros de estudios del príncipe don Carlos en la Universidad de Alcalá de Henares. Añádase a esto que desde la perspectiva de los años, la denuncia de los vecinos de Écija y la instrucción judicial contra Miguel, de julio de 1588, no parece ser que tuviesen repercusión judicial ante los tribunales del Consejo de Hacienda, al menos aún no hemos localizado el correspondiente expediente judicial, pero sin duda sirvieron para acelerar el pago de la deuda contraída, de las 5.000 fanegas de trigo o harina de pan y las 500 fanegas en cebada para las acémilas de los porteadores, en septiembre de 1589, por un millón y medio de maravedís.
Habría que decir también que Miguel intervino en más disputas judiciales a lo largo de su trabajo de comisario proveedor de galeras o de recaudador de alcabalas y se testimonia que cuando recogía su trabajo como abastecedor de la Flota del Imperio en 1587, indicaba que había alcanzado el título de “Criado del Rey”, lo que le permitía exhibir vara alta de justicia, implicando su limpieza de sangre, su hidalguía y sobre todo su titulación como bachiller o licenciado en derecho, sin cuyo título universitario no podía ser juez del todopoderoso Consejo de Hacienda, cuyo Tribunal tenía rango semejante en materias económicas al poderío del Tribunal de la Inquisición y de los Tribunales de los Consejos de los Reinos, cuyas apelaciones como juez con vara alta de justicia solo podían elevarse ante el rey Felipe II (1527-1598).
Notemos además, que en Écija, el Manco de Lepanto no solo exhibe vara alta de justicia para llevarse el pan de galeras, en el mes de julio de 1587, sino que una vez requisada por sus alguaciles y los alguaciles de la ciudad, Cervantes parte raudo a Córdoba, donde debe acudir como Alcalde del Crimen, para asuntos del Tribunal de la Audiencia Real de Sevilla, dando poderes a su primo Rodrigo de Cervantes, para que se encargue de conducir la harina de Écija a Sevilla, eso sí, como juez, deja claro que oyó, el 11 de julio de 1588, las acusaciones que contra él hizo la ciudad ecijana a través de la denuncia de Juan de Segovia, su procurador.
En «Civitas Solis» Miguel visitó, entre otros, la iglesia de Santa Bárbara, la iglesia de San Juan Bautista, la iglesia parroquial de Nuestra Señora del Carmen, el Real Monasterio de Santa Inés del Valle, la parroquia de San Gil Abad, el palacio de los Condes de Palma y el Palacio de Valdehermoso, y el 8 de septiembre de 1588 celebró la festividad de la Virgen del Valle, patrona y alcaldesa perpetua de la ciudad de Écija. Asimismo, es posible que haya tenido conocimiento del antiguo Alcázar Real de Écija, remontado a 1263.
En la «Ciudad de las Torres», Cervantes disfrutó de la gastronomía ecijana, sirva de ejemplo, de la sopa de gato, compuesta de ajos, almejas, espárragos, tomates, migas de pan, pimientos y agua; el salmorejo, una sopa fría preparada a base de aceite, ajo, pan, tomate, acompañada de atún, huevos duros, jamón en trocitos y patas fritas; el gazpacho; los flamenquines, un rollo de carne empanada rellena de huevo duro y jamón serrano, incluso queso y/o pimientos verdes o rojos; el mollete ecijano y todas las sabrosas comidas, fueron acompañadas de una copa de vino con miel. En cuanto a deliciosos dulces, tomó Yemas El Ecijano, las toras de aceite y las toras de manteca, los célebres bizcoches Marroquíes, los bollos del Conde, los pestiños, las torrijas y las sopaipillas.
A fin de cuentas, le agradezco al meritorio historiador burgalés Alfonso Dávila Olivada su magnífica cooperación tocante a los nuevos diamantes documentales sobre el Príncipe de los Ingenios, que son de vital importancia para la Historia de Écija y la biografía documentada del héroe de Argel, los que deberían ponerse en los papales, rectificando así los desmedidos desaciertos en las enciclopedias, libros de enseñanza y revistas electrónicas. ¡Enhorabuena!

«Laus in Excelsis Deo»,
Krzysztof Sliwa

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