Rebeca Ruiz Riverol
La poeta de los versos tiernos

Jorge Éver González Domínguez / Chiapa de Corzo, Chiapas [email protected]

Nace en Tuxtla Gutiérrez, el 12 de junio de 1982. Licenciada en Lengua y Literatura Hispanoamericana de la Universidad Veracruzana.
Sus letras son suaves, tiernas y decide un día participar en la convocatoria del Programa de Estímulos a la Creación y al Desarrollo Artístico de Chiapas (PECDA), donde es aceptada.
Poemas suyos han sido publicados en impresos locales, nacionales, revistas y diversas antologías.
Autora del libro de narrativa: De nuevo soy atea.
¿JUGAMOS A LAS ESCONDIDAS?
En mi mente resuenan las medicinas, las terapias y el diagnóstico que tu neuropediatra ha dictaminado, sí: dictaminado, porque a base de exámenes acompañados de varios pinchazos sangrientos, muestras de tus tejidos y el eterno sueño del encefalograma, el veredicto llegó: eres un bebé azul, ese adjetivo les colocan a los seres que tienen tu condición.
Cuando niña, era fan de los pitufos, de esos duendecillos mágicos, que vivían en hongos y que cada día trabajaban bajo una rutina acompañada de canciones y roles asignados por Papá Pitufo. Ellos eran azules como tú, su corazón era inocente y solo aquellas personas que soñaban, podrían verles. Tú eres mi pitufo azul y aunque la ciencia te nombre bajo un “trastorno”, tú eres un ser fantástico que -es cierto- vive en otra realidad donde hay un bosque lleno de sensaciones, rutinas que te llevan a casa y magia en los conectores cerebrales que por momentos trae de regreso tu habla para decirme: “Mamá”.
Ahora eres pequeño y poco a poco reconoces tu cuerpo y voz, te gusta correr y que yo te persiga para formar círculos alrededor de la mesa. Has armado muchos rompecabezas y a veces desarmas mi paciencia, enseñándome que tus piezas de humor tienen “tu tiempo y forma”.
Cuando juegas con la comida pareces que vas de pesca y solo aquello que tenga una buena textura, haz de comer. Las quesadillas son tus favoritas: retiras meticulosamente el queso y después saboreas poco a poco la tortilla y en ocasiones me pides más… Así fue mi proceso para aceptar tu diagnóstico, primero quité los miedos de mi cabeza y luego, poco a poco, aprendí que no todas las tortillas deben ser redondas ni de maíz: la diversidad trae gustos a tu vida. Las condiciones cerebrales están evolucionando y con ayuda de la ciencia y tecnología, estoy convirtiéndome en una pescadora en constante aprendizaje… Y todos los días disfruto el observar cómo desayunas tus quesadillas…
Todo el día jugamos a las escondidas porque busco qué te hace feliz mediante ciertas melodías, baños de crema corporal, baños de esponja, paseos en coche, videos ASMR de pinturas, pelotas y refrescos. Y cuando por fin te encuentro, aparece tu mirada que le sonríe a mis ojos: instante que ambos reconocemos nuestra realidad.

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