Escritora AEPCH: Beatriz Muñoz Morales
Un espacio dedicado a la Asociación de Escritores y Poetas Chiapanecos, A.C.
Edgar Colmenares Sol [email protected]
Soy Beatriz Muñoz Morales, Psicóloga Educativa, Creadora y directora de El Ropero de Frida, taller interdisciplinario e inclusivo. Escribo Poesía y Narrativa; he incursionado en cine, teatro, performance, radio y televisión. Escribí la plaquette La Diadema de Esmeraldas (1991) y Palabras Dispersas (2015).
Mis textos están incluidos en diversas antologías, como: Universo Poético, La que va Dictando el Fuego, Colección de Cuentos Tardes de Café, Solo Humana, Juana Ramírez de Asbaje, Sancristorias, Dibujamos las Estrellas, Andanzas Poéticas, Los Frutos de la Tierra, Voces de Chiapas, Poetas de los Sesenta, Poemas con Dedicatoria, Volverá la Luz, Antología de Poesía Surrealista, Apresuremos el Abrazo, Cartas a Sor Juana, Mujeres su dinámica histórica en Chiapas, entre otras.
En Diadema de Esmeraldas plasmé diversas historias en prosa poética, este trabajo nació de vivencias mías y de otras personas que conocí en mi infancia, aún no había encontrado mi propia voz, pero descubrí que escribiendo podía decir lo que en mi interior sentía.
En Palabras Dispersas puedo enviar mi mensaje personal, nacido de experiencias dolorosas de mi niñez y crear una forma personal de decirlas, encontré que el personaje principal de mi trabajo literario es la mujer, en sus diversas etapas de vida, circunstancias y sobre todo en la forma de vivir.
Escribir para mí es importante porque me permite mostrar mi pensamiento y mi alma, las cuales muchas veces se reflejan en otras mujeres; creo que es en la “otredad” donde me confirmo como ser humano, sensible, creador y sanador.
Pertenezco a los grupos Literarios Décima Musa, AEPECH, Escritores Tores, América Madre Filial Tuxtla Gutiérrez, Poetas del Mundo, Seminario de Cultura Mexicana Corresponsalía en Tuxtla Gutiérrez.
De mi libro Palabras Dispersas les comparto el poema Creación, que escribí pensando en mi vida y mi situación de TDAH huérfana de padre y bajo el cuidado de mi abuela materna:
Me reconozco: semilla
que una mano temerosa
depositó en la tierra
(uno, dos, tres tiempos
marcaron el viaje del sembrador).
Simiente regada con salitre,
abonada con injurias,
abandonada en las inclemencias
de la vida me descubro.
Sin un sol que me alumbrase
desde el rostro amoroso de una madre
sin la lluvia fresca de las palabras de un padre.
Fruto de un árbol cuyas flores
aroman pútridos rincones
y sacia las almas hambrientas soy.










