Uriel Estrada, diputado usurpador
En este mundo ingrato de la política aldeana, hay quienes se comportan como rufianes o aprovechan cualquier oportunidad para escalar puestos de representación popular, y aun así se dicen los ofendidos u ofendidas porque se les dicen sus verdades.
El caso de José Uriel Estrada Martínez es peculiar porque pone en evidencia que a los partidos políticos poco o nada les importa que los procedimientos para la selección de candidatos se lleven a cabo, aunque se violen los derechos políticos y humanos de otras personas que han dado todo por su partido.
El que fuera titular de la Auditoría Superior del Estado, señalado por ser un funcionario corrupto, por “perdonar” a los alcaldes mano largas, por estar acusado de enriquecimiento ilícito, por ser un supuesto asesino de un líder campesino, por ejercer en su función de ex fiscal como un torturador y por ser señalado por la Comisión Nacional de Derechos Humanos y por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos de ser responsable de abuso de poder, hoy está enlistado para ser aspirante a una diputación indígena.
Sí, como lo lee, el flamante ex auditor, protegido por la LXVIII legislatura local, busca a toda costa blindarse de las acusaciones citadas, pero, sobre todo, de crear una red de corrupción con funcionarios afines de la propia Auditoría.
Hoy, cargado de paga, compra la diputación que le corresponde a los pueblos originarios. No tiene nada de vergüenza de que sea sindicado como un diputado usurpador. A Uriel lo conocen como la típica rata que supo burlar la confianza del gobernador del estado, de quienes conforman el Congreso del Estado, y de la sociedad chiapaneca que confió en los servidores públicos se partirían el alma para corresponderles con el cuidado en el manejo de los recursos del pueblo.
Ayer quiso subirse al tren de Morena y como lo batearon, se arrinconó en el Partido Verde, quien, con esta patética acción, violenta los derechos de los hermanos indígenas. Mancha la transparencia que dicen ejercer los partidos en la designación de las personas, y principalmente, provoca indignación porque la supuesta democracia electoral que practica es avalada por la Cuarta Transformación.
No quisiéramos pasar por alto que el reciente deceso de un alto servidor público de la ASE, de la Unidad Anticorrupción, se comenta al interior de la dependencia, se derivó porque la subdirectora de dicho departamento ya había negociado limpiar las cuentas públicas de algunos municipios, pero no se mochó con el finado ni con Uriel, y contra todos los pronósticos, amenazó con “soltar la sopa” si la despedían de su chamba o se atrevían a “cargarle el muertito”.
Sean peras o manzanas, lo que Uriel añora es que se concrete su candidatura, sin importarle que el agandalle sea lo más bajo que un ser humano pueda hacer.










