Respeto y reconocimiento de cada individuo: inclusión
Lilia Ma. Calderón/Las Margaritas, Chiapas [email protected]
Aunque no parece existir una definición compartida de lo que debe entenderse por educación inclusiva o escuela inclusiva, se puede afirmar -en términos generales- que todos los expertos coinciden con el hecho de la aceptación de todos los alumnos, el reconocimiento de sus singularidades, la valoración de sus posibilidades y con su participación de la vida escolar, de acuerdo a sus competencias y capacidades.
Los procesos de cambio que orientan la escuela actual hacia la escuela inclusiva, se vertebran en torno a la organización escolar, las políticas educativas y la cualificación y formación competencial del profesorado. La inclusión no puede reducirse a una cuestión curricular, organizativa o metodológica; la inclusión es más que eso, es una manera distinta de entender la educación, la vida misma y la sociedad; se trata de una filosofía y de valores basados en el respeto y el reconocimiento de cada individuo, como elemento fundamental de la escuela y de la sociedad.
Pese a que todos comparten el principio de lo que ha de ser una escuela inclusiva, la realidad es que existen una serie de restricciones que impiden que se dé una inclusión real, es decir: la realidad de la inclusión parece, cada vez más, un derecho condicionado en función de los recursos disponibles; recursos que no sólo hacen referencia a aspectos materiales, sino a aquellos aspectos más relacionados con la propia filosofía del centro y de su personal, para responder de forma adecuada a las necesidades educativas de los alumnos y alumnas.
Los profesores se enfrentan desde la buena voluntad y de forma individual a procesos de reflexión y toma de decisiones; la verdadera respuesta a las necesidades de los alumnos exige modelos educativos democráticos y participativos, que promuevan el diálogo igualitario, apoyado en el valor de los argumentos y no en la posición del que argumenta.
Es por ello que se considera que, para avanzar hacia la inclusión, no es esencialmente un trabajo de reestructuración de la educación especial, ni tan siquiera de la integración, sino que tiene que ver con todos los alumnos y no únicamente con aquellos que tienen necesidades especiales. Tampoco es algo que pueda ser considerado como un objetivo en sí, sino más bien un intento de mejorar la calidad de todo el sistema educativo, para que pueda atender convenientemente a todos los alumnos.
Es necesario apostar a la necesidad de promover cambios en el conjunto de valores personales y profesionales del docente, con el fin de impulsar la acción y un conjunto de prácticas configuradoras de la cultura moral de un centro; valores como la equidad, igualdad de oportunidades, no discriminación, solidaridad, consideración, amor, etc., han de ser claves en el quehacer diario y han de construir lo que se denomina moral de la inclusión, la cual configura sin duda alguna a un modelo de escuela versátil (abierta al entorno, participativa, flexible y diversidad de espacios y momentos).










