Congresos groseramente improductivos

El Diario de Chiapas acaba de publicar la lista definitiva de quienes ocuparán los 40 escaños que integrarán la LXIX Legislatura local y cuya lista la ciudadanía, estamos seguros, ha puesto su confianza para que los diputados y diputadas sean productivos, legislen y hagan sinergia con el próximo representante del Poder Ejecutivo.

El voto que favoreció a quienes iban representando en su mayoría a Morena y al Partido Verde Ecologista de México, los dos partidos que tienen la mayor representación, tienen el compromiso de cumplirle a los chiapanecos, quienes están completamente seguros, no conocían y ni conocen los generales de quienes fueron los agraciados.

Legislar es una de las mayores actividades que le dan prestigio y presencia a un poder para enrolar el camino del bien a la sociedad, pero siempre y cuando esta función se realice con verdaderos políticos conocedores de los agravios que padece la ciudadanía.

No se descarta que debe haber parlamentarios con conocimientos específicos que contribuyan en lograr los objetivos trazados. Sin embargo, también está el peligro latente de que existan hombres y mujeres que se hayan sacado la rifa del tigre y estén ya a un paso de tomar su lugar en la LXIX Legislatura sin saber en qué barril de pólvora están parados.

La nueva camada de diputados, que la forman jóvenes y gente con experiencia en la política, tienen bajo sus hombros la delicada responsabilidad de presentar iniciativas que en verdad impacten de manera favorable en el desarrollo del estado.

Tienen, también la obligación de superar la herencia de la LXVIII legislatura que prácticamente ha sido exhibida como la más floja de todos los Congresos estatales del país. Es decir, los legisladores chiapanecos que dejan el cargo el 30 de septiembre próximo sólo propusieron 157 iniciativas en los tres años que estuvieron como representantes del pueblo.

Significa ello que, en tres años, traducidos en 34 meses por aquello de que aún falta por transcurrir agosto y septiembre, fueron 4 iniciativas por mes las presentadas y si a ello se le agrega que son 40 legisladores y legisladoras el porcentaje es de risa y al mismo tiempo, crítico y grosero su actuar, comparado con las mil 401 que presentaron los parlamentarios del estado de Jalisco.

No hay punto de comparación, aunque quizás se intente defender lo indefendible con el argumento de que habría que analizar la profundidad y el impacto de las reformas aprobadas. Lo cierto es que el tema es digno de análisis.

Bajo esta circunstancia si que es viable que haya una reducción de la plantilla de quienes conforman las bancadas para que quien sea elegido representante popular arribe al Congreso a trabajar pues esta tarea no es una beca.

El Censo Nacional de Poderes Legislativos Estatales reportaron que Jalisco fue el estado más productivo, más trabajador. Entre las 32 entidades, se presentaron 27 mil 494 iniciativas y de dicha cantidad, en el estado tapatío concentró el 12.4 por ciento de la productividad.

En el último periodo, los legisladores tuvieron un presupuesto de 366 millones 963 mil 190 pesos, de dicha cantidad, el 23.6% correspondió a remuneración y 9.9 %, a atención ciudadana

Espanta en estas cifras que poco más de la mitad de los legisladores tengan grado de licenciatura, el 3.5% de los legisladores de los congresos estatales tienen algún doctorado, 24.2% maestría, 2.7% carrera técnica o comercial, 4.3% preparatoria y 1.5% secundaria.

Porqué las cifras, porque nos demuestran que los grados de estudio no sirvieron de nada para desempeñar con eficacia su labor y porque la política ha evidenciado que nuestros legisladores les ocupa andar en busca de negocios que en cumplir con su responsabilidad que la Constitución les confiere.

Si a esas vamos y no hay una revolución de conciencias y de la forma de trabajar, entonces los exhortos que les ha hecho el gobierno elegido en las urnas, este México no tendrá opciones de cambio, o lo que es lo mismo, “o se legisla o seguimos yéndonos en picada”.

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