Lucía Trejo / Berriozábal
En Berriozábal, Chiapas, las campanas de la iglesia sonaron, llamando a los fieles a una misa de acción de gracias. Esta ceremonia especial honraba a Ana María Ovando Vázquez, una mujer excepcional que celebró sus 100 años de vida. Rodeada de su numerosa y amorosa familia, Doña Anita, como todos la conocen, se convirtió en el centro de una gran celebración llena de amor y afecto.
Durante la gran festividad, hubo música de marimba, mariachi, teclado, barbacoa y pastel. La casa marcada con el número 11 en la calle de la 7ª Avenida Sur del barrio Emiliano Zapata se llenó de vida con una carpa, mesas y sillas que acogieron a los invitados.
Nacida y criada en Berriozábal, Doña Anita dedicó gran parte de su vida a la elaboración de ollas de barro. Su legado no solo se manifiesta en sus creaciones artesanales, sino también en su extensa familia. Con 10 hijos, 75 nietos, 40 bisnietos y 20 tataranietos, Doña Anita ha visto cómo su descendencia se ha expandido y prosperado. Sus hijos han seguido caminos diferentes, desde la cocina hasta la ingeniería mecánica, pasando por la artesanía y la albañilería, demostrando la herencia de talentos que ella y su esposo Ricardo Velázquez han fomentado.
Este 26 de julio, Doña Anita fue coronada con flores 15 veces, un símbolo del profundo respeto y cariño que su familia siente por ella. Los regalos, que iban desde rebozos y sandalias hasta mandiles, toallas, perfumes y frutas, no se hicieron esperar.
A pesar de su avanzada edad, Doña Anita se mostró llena de energía, bailando y disfrutando de cada momento de su fiesta. Sigue siendo una mujer activa y trabajadora, ocupándose de las tareas del hogar, preparando tamales, tortillas a mano y elaborando pozol. Su vitalidad es una inspiración, y su dedicación a cuidar de su hija Blanca Flor, quien es especial, demuestra su inquebrantable amor y compromiso familiar.
La música que acompañó la celebración incluyó piezas de “Blancas mariposas”, “Amor de los dos” y “Tú solo tú”, melodías que resonaban con su historia y emociones. La presencia de sus hermanos, Raymundo y Reynaldo, de 98 y 101 años de edad, puso un toque especial a su gran fiesta, resaltando la notable longevidad de esta familia.
Así, Doña Anita dedicó un día entero a celebrar la vida, rodeada de aquellos a quienes más ama. Su historia, marcada por el trabajo, la dedicación a la familia y una alegría de vivir contagiosa, es un testimonio inspirador para todos los que la conocen. En cada risa, en cada abrazo, en cada beso y en cada buen deseo se reflejó la esencia de una vida bien vivida, una vida que continúa siendo un faro de amor y fortaleza para su familia.










