Pablo Salazar, el repudiado por los normalistas

Cuando se tienen manchas imborrables en el proceso histórico de un gobernante, nadie, así sea una pluma reconocida, prestigiada y tenga todos los honores a su favor, podrá defender y asegurar que Pablo Salazar Mendiguchía ha sido el mejor gobernador que ha tenido Chiapas.

Nada más que se consulte cada 6 de agosto las manifestaciones que hacen los jóvenes normalistas de la Rural Mactumactzá, quienes realizan una larga caminata desde sus instalaciones, allá por el Foro Chiapas, en la zona norte poniente de la ciudad capital, para recordar y denunciar el atropello que el entonces gobierno de Salazar Mendiguchía, hace 21 años, hizo contra el alumnado, que acusa persecución, amedrentamiento y atropello a su integridad física.

El endurecimiento que este “paladín de la democracia”, como se ostenta el ex mandatario, hizo contra la escuela Normal ha sido su mancha que echa por tierra todo lo que presume hizo bien como representante de los chiapanecos del año 2000 al 2006.

En el 2003, sin dar paso al diálogo como medida preventiva, Pablo Salazar ordenó la represión brutal como la llaman los normalistas, la cual consistió en quitar el sistema de internado y otros servicios asistenciales con el fin de cerrarla.

Aquel 6 de agosto, se hizo uso de la fuerza pública, lesionando a estudiantes, padres de familia y maestros, e incluso, en su narrativa, los estudiantes denuncian que sobre las espaldas del ex mandatario se lleva la muerte de quien fuera el chofer de la institución, Joel Martínez.

Recuerdan que como viles delincuentes fueron rociados con gas lacrimógeno, con la intimidación de helicópteros sobrevolando la escuela. El terror y el miedo se había apoderado de jovencitas y jóvenes que iniciaban prácticamente su ciclo escolar, además de los que ya estaban por egresar de esa casa de estudios.

Este martes, cientos de alumnos marcharon para recordar que no olvidan nunca lo que les ha hecho el gobierno.

Fueron acompañados de 17 escuelas normales del país y del estado, incluida en éstas la de Ayotzinapa, la escuela que ha luchado contra viento y marea para que se esclarezca la desaparición de 43 estudiantes de esta institución durante el gobierno de Enrique Peña Nieto, y que el presidente AMLO tomó como bandera para ascender al poder, sin que a menos de dos meses de dejar la administración, se vislumbre el esclarecimiento de los hechos, al contrario, cada vez se empaña más el caso debido a que se niegan a reconocer que el Ejército participó en este lamentable suceso.

El gobierno de Salazar Mendiguchía no podrá quitarse nunca este señalamiento en su contra. Por eso cada año los normalistas se encargan de pasear por toda la ciudad un ataúd simulando que dentro llevan el cuerpo de quien ofendió las entrañas de la Normal y, por si fuera poco, incineran la imagen del mandatario.

Este martes la estatua o imagen con el rostro del ex mandatario tenía un aproximado de dos maestros de ancho por dos de alto. En su construcción se refleja el rechazo y la repulsión que sienten contra quien los intentó aniquilar.

Cierto es que los jóvenes no son una monedita de oro. Gran parte de la sociedad chiapaneca ha pedido que paren sus métodos ortodoxos para reclamar. En ocasiones los procedimientos violentos que utilizan perjudican a terceras personas y a los propios trabajadores del sistema educativo donde se presentan para causar desmanes.

Lo que el grupo de jóvenes acusa de que no hubo diálogo previo con el gobierno de Salazar, en la administración de Rutilio Escandón Cadenas ha rebasado la complacencia que la misma ciudadanía le ha exigido que aplique mano dura.

En realidad, no se trata de ello, si hay caminos del entendimiento para sacar adelante las diferencias. También es cierto que la funcionalidad de la escuela rural ha quedado desfasada debido a que la zona donde se encuentra ha sido absorbida por el grueso de la población.

Tanto que los colonos de Juan Crispín y Plan de Ayala, donde se ubica la institución, han optado por exigir a la autoridad que se reubique para que no haya más altercados entre pobladores y estudiantes, debido a que éstos últimos a cada rato bloquean como señal de inconformidad porque aducen que no les han pagado sus “prerrogativas”.

Esta es una buena oportunidad para volver a pedir que, mediante el diálogo, se busquen alternativas para que se reubiquen en una zona que aprovechen la característica que rodea el plan de estudios de la escuela en una zona rural, más no urbana, como actualmente están inmersos.

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