¿Se acabarán las novatadas?

Pareciera insignificante el tema de las novatadas que se practican en escuelas, centros de trabajo hasta en el Ejército Mexicano y en la Marina, pero, no, el tema es delicado no por lo que se les hace a las nuevas generaciones de alumnos que llegan a una institución, sino por el peligro al que se exponen, tan es así, que la reciente “travesura” practicada en la base marina de Baja California, hubo seis cadetes que perdieron la vida.

Un hecho lamentable que ha sentado precedente y que refleja la barbarie con la que se desempeñan algunas instituciones del sector público.

El recuerdo de las novatadas que se realizan en Chiapas está muy presente las que se ejecutan en la Escuela Normal Rural Mactumactzá, donde también ya han sido públicas las quejas contra el alumnado, tanto que está la historia de una familia que perdió a su hijo que había ingresado a la Normal allá por el año de 2018, en el mes de julio, cuando lo obligaron a hacer trabajos forzados.

Es inaudito que pasen este tipo de acontecimientos en pleno siglo XXI e incomprensible que se registren en dependencias y escuelas de prestigio, donde los actos de barbarie no tienen ninguna relación con la disciplina con la que se conduzcan.

En el Ejército México honrar a la Patria y defenderla aún a costa de la vida de cada uno de los soldados es muy diferente a mandarlos al matadero sin razón ni lógica alguna. Lo mismo los métodos arcaicos que se utilizan en la Normal Rural.

Las historias que cuentan los recién ingresados a este plantel sólo demuestra que quienes lideran la escuela no tienen ningún respeto por los derechos humanos de los alumnos. Cierto, muchos dirán que peores cosas se viven en el acontecer diario de esta maltrecha cotidianidad a la que nos ha llevado la violencia, y sí, puede que se tenga razón, pero esa es otra historia.

De ahí que la decisión de acabar de tajo con estas prácticas malsanas tiene que ser objeto de un reconocimiento público. Desde el lunes 5 de agosto el presidente Andrés Manuel López Obrador decretó una serie de modificaciones para “endurecer el Reglamento de la Ley de Educación Militar del Ejército y Fuerza Aérea Mexicanos”.

La propia Secretaría de Educación Pública debería de hacer lo mismo para que aterrice en las escuelas que utilizan estos métodos nada convencionales que se convierten en un hazme reír de quienes presencian los bochornosos actos.

En el decreto presidencial, se sancionará con baja definitiva de las escuelas de formación realizar “maltrato físico, de palabra, de hecho, o psicológico” a otros alumnos, así como todas las acciones que pongan en riesgo la integridad física o la salud de dichas personas.

La medida se extiende cuando haya lesiones que pongan en peligro la vida de otros cadetes o elementos castrenses, lo cual causen su fallecimiento, y cuando existan circunstancias que hagan presumir su intención de causar lesión o que participe con terceros. “Si estas circunstancias quedan plenamente acreditadas, no importa el tipo de lesión que se produzca”, refiere el pronunciamiento oficial.

Aplicará para el personaje referido, aunque éste se encuentre de vacaciones, de descanso, con licencia o fuera de servicio, o incluso y eso es obvio, que esté drogado, en estado etílico o cualquier otra condición anormal, lo que en español significa que no tienen por qué participar bajo ningún motivo en algún hecho que sea interpretado como “la bienvenida grotesca o burlona” contra sus compañeros.

El panorama se visualiza como una buena medida tomada por la autoridad, ahora falta que los alumnos y las propias autoridades de instituciones como la Secretaría de Marina y el propio Ejército Mexicano haga cumplir con la norma establecida para que no haya más noticias desagradables.

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