SOS por la integración de una colonia de Migrantes en Tuxtla
El reportaje que presentó el equipo de Diario Media Group es más que oportuno para exhibir y denunciar la opacidad de un gobierno federal que simplemente no ha podido controlar el éxodo de migrantes que entran a territorio chiapaneco para tratar de alcanzar el suelo americano.
Una crisis humanitaria como lo dice el padre el católico y director de Cáritas de Tuxtla, Gilberto Hernández García. Estas dos palabras engloban la pesadilla que no sólo la padecen quienes salen de sus países por la tiranía que envuelve a sus gobiernos, sino que se vienen a meter a otros “infiernos” como los que necesariamente tienen que sortear como es el de la violencia, la trata de personas, y el reclutamiento “por la buena”, a los grupos que lideran los grupos delincuenciales que se han empoderado en Chiapas y México.
Pero no sólo ellos lo sufren, también la necesidad de los migrantes de asentarse en campamentos improvisados ha venido a trastocar la vida de las familias tuxtlecas que ven como sus propiedades se convierten en improvisadas casas de campaña de hombres, mujeres y niños que buscan el cobijo de un pórtico o la sombra de un árbol.
El “infierno” que hoy viven decenas de familias que habitan sobre la Cuarta Oriente, conocida también como la carretera a Villaflores, así como unidades habitacionales contiguas, es desde principios de año, una pesadilla que dista mucho de poder resolverse en el corto tiempo por la ineptitud del Instituto Nacional de Migración, institución que simplemente le vale un cacahuate el extender las visas que les permitan seguir su recorrido.
Este problema social, se entiende, tiene fondo político, pero también carece de la elemental colaboración humanitaria de dependencias que han dejado crecer el hacinamiento en donde pernoctan los grupos de extranjeros.
El trabajo de investigación del equipo de reporteros de esta casa editorial reflejó la situación precaria y lastimosa en la que se encuentran los migrantes, y al mismo tiempo, la negligencia de las autoridades de Salud y del Ayuntamiento de Tuxtla para brindar apoyo.
En el inicio de su aparcamiento, relatan los migrantes, hubo disponibilidad de las autoridades para atendernos, pero hoy se han ido, ya no aparecen. El gobierno municipal ya no pasa a levantar la basura que se concentra en los contenedores. Moscas y gusanos se dan el festín de su vida para aprovecharse de los desperdicios que se encuentran esparcidos en toda la zona citada.
Incluso los roedores se han vuelto compañeros inseparables de las personas que se tiran sobre las banquetas a conciliar el sueño. Un panorama que estaba muy lejos de poderse presenciar en plena capital del estado, pero, principalmente, una exhibición de incompetencia de funcionarios municipales, estatales y federales.
Su comportamiento los califica como omisos, la empatía les ha quedado muy corta e incluso se han vuelto inmunes al dolor y a su responsabilidad institucional. El gobierno federal que ha presumido de ser el más humanista y de profesar el amor al prójimo, hoy con este abandono a resolver el problema de la migración, simplemente denota que no son estas sus características principales que presumió durante todo el sexenio.
Es más, el comportamiento asumido en las relaciones de política exterior, comprueban que no hay autonomía en las decisiones que se tomen. Estados Unidos no permitió más migración y al controlar la frontera, México no puede respingar, simplemente, callar y dejar que el tiempo corra y también que la desesperación sea lo que se apodere de los cientos de migrantes para que al final de cuentas intenten regresar a sus países de origen o si bien les va, que se asienten en algún lugar de Chiapas o del resto del país, y con ello consumar su fracaso hacia los Estados Unidos.
Mientras tanto, en el aire quedan los gritos de auxilio y desesperación de cientos de propietarios de casas habitación y lo que es peor, de negocios comerciales, que han tenido que mendigar a la autoridad su intervención por la invasión a la vida privada.
Hoy la resignación ha sido cerrar porque nadie llega a comprar en una zona invadida no sólo por estas personas extranjeras, sino por el olor nauseabundo que cubre la atmósfera de la zona donde se han asentado los migrantes debido a una política fallida, insistimos, del Instituto Nacional de Migración auspiciado por el gobierno federal y el desinterés del Ayuntamiento de Tuxtla para limpiar, mínimo, la zona de asentamiento.










