Deportistas, aguanten, falta poco
Ana Gabriela Guevara, la ex velocista mexicana que le dio gloria al deporte mexicana, la que con sus victorias hizo que las mujeres y los hombres amantes o no de esta disciplina se enorgullecieran de su ejemplo, de su tenacidad, de su esfuerzo y pasión por alcanzar logros nunca antes soñados, ahora está en la mirada de todos, pero no por su gestión como titular de la Conade, sino por sus actuaciones como servidora pública y su “mal ejemplo” por no cooperar con la política de austeridad de este gobierno.
La prueba de que su legado no coincide con su función de funcionaria fueron los resultados de los recientes juegos Olímpicos celebrados en París, Francia, donde los deportistas mexicanos que compitieron simplemente ni asomaron la cabeza en los primeros lugares, pues apenas pudieron rescatar cinco medallas, dos de plata y tres de bronce.
Independientemente de esta nueva etapa en su vida, donde no las trae todas consigo, Ana Gabriela Guevara, quien lo dijera, triunfó en los tiempos en los que gobernaba el Partido Revolucionario Institucional, época donde también se caracterizó por exigir apoyos para el deporte, un sector rezagado, allá por la década de los noventa y principios del dos mil.
Lamentablemente para la mayoría de los mexicanos, algo le picó, como coloquialmente se dice cuando transformas tu forma de ser, pues Ana Guevara tiene todos los momios en contra al grado de que los compatriotas la consideran la mujer más corrupta de entre los personajes que hoy están en el poder.
Cierto que a ella eso no le ocupa ni le preocupa desde el momento en que el presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, la acuerpa al decirle que tiene medalla de bronce en los cuestionamientos de los malosos de la prensa, y él la de oro pues es el hombre más atacado de este país, pese a su popularidad que rebasa el 60 por ciento del total de los mexicanos encuestados.
Todo este contexto se deriva de la infinidad de ataques que la dirigente deportista tiene en su contra por los pobres resultados obtenidos en los Olímpicos, la mayoría derivados por el nulo y cuestionado apoyo que les dio a los deportistas que exigieron sus becas, apoyos, y que a la sonorense le valió cumplir como era su obligación.
Ahora que ya terminó la justa deportiva, Guevara fue filmada comiendo en un restaurante francés de lujo. Sin duda que nadie tiene que cuestionar cómo se gasta su dinero, lo contradictorio es que ella si se da este placentero lujo cuando los atletas que compitieron anduvieron vendiendo trajes de baño, mendigando apoyo y lo peor, que, aun así, son vilipendiados por la funcionaria, aduciendo que no se someten a lo que ella dice.
A Ana Gabriela afuera se le cuestiona que derroche recursos cuando su jefe, el presidente de México, ha presumido que este gobierno no es ostentoso ni tiene porque presumir lo que no se posee.
La deportista, a las críticas, le salió lo valentona al señalar que es su dinero, se lo gana honradamente y por lo tanto se lo ‘chinga’ como a ella se le da su regalada gana, y en ese sentido, creemos, tiene toda la razón.
Hasta ahí todo está bien, el problema es que, al cuarto para las doce, cuando ya tiene un pie abajo del avión, pues el 30 de septiembre acaba su gestión, se pone bravucona y se le olvida que le debe respeto a la política de austeridad del presidente y que, aunque sea muy su paga, se le olvida que es funcionaria pública y por tanto debe tranquilizar sus emociones, sus posturas y sus injurias para mejor ocasión.
Además, parece que el cariño que le profesa el presidente es fingido porque al momento no la ha recomendado o sugerido para que siga con la cartera de directora general de la Conade. Esta hipótesis pareciera que se confirma porque la ahora presidenta electa ni por asomo se ha referido a ella ni mencionado que pudiera repetir en el puesto.
Lo que nos queda claro es que tantos millones de pesos «invertidos» en la preparación de deportistas de élite no ha dado los resultados proyectados, simplemente porque Ana Gabriela Guevara es catalogada como de las mejores deportistas de México, pero por mucho, es hoy la peor que ha estado en ese honroso puesto, sin resultados y con una división que desespera y al mismo tiempo, con la ilusión de que quien llegue cambie radicalmente la proyección de un deporte profesional de éxito no de estancamiento ni de “valemadrismo”. Ahora sí que, para darles ánimos, deportistas de alto rendimiento, aguanten, ya falta poco.










