Editorial

Claudia Sheinbaum es desde el jueves, oficialmente presidenta electa de México. Su nombre, pase lo que pase en esta vida, queda grabado en los anales de la historia como la primera mujer en llevar la representatividad de un país.

Sí en la historia de México Guadalupe Victoria fue catalogado como el primer presidente constitucional del país, hoy el nombre de Claudia Sheinbaum Pardo se escribirá, literalmente, con letras de oro en cualquier recinto de este México “lindo”.

Atrás quedó todo el mamotreto que se escribió para su designación. De hoy en adelante pocos se acordarán que el presidente de México fue el que la encumbró como su candidata favorita y mucho menos se tendrá en la memoria el término peyorativo que se utilizó al nombrarla candidata “corcholata”.

Tampoco tendrá importancia que el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, ese que el presidente de México quiere tenerlo a sus pies, haya decidido dictaminar que la elección del 2 de junio pasado fue una jornada electoral, sino limpia y transparente, sí un ejercicio democrático que validó más del 50 por ciento del electorado registrado en el listado nominal del Instituto Nacional Electoral.

Lo importante ahora, a partir del primer minuto del primero de octubre, exactamente dentro de 42 días, es cómo va a responder y enfrentar los graves problemas que aquejan al país. Que se le critique la víspera que es una calca de lo que hace y dice el presidente Andrés Manuel López Obrador, es un mal concepto que, en las primeras de cambio, deberá quedar en el olvido.

El dicho muy famoso de que “viva el rey muera el rey” lo viven, lo sienten y lo sufren, todos los mandatarios del mundo. El poder se esfuma y en el caso del presidente AMLO, hoy ve cómo éste se va diluyendo y la atracción se centra en la mujer que será la más poderosa de este país.

Se dice muy fácil, pero esto representa una responsabilidad del tamaño del mundo por el simple hecho de que los ojos no sólo de los propios ciudadanos mexicanos estarán a la expectativa, sino de todo el mundo, para ir conociendo, con sus acciones y decisiones, su capacidad para gobernar y hacer crecer una nación que día a día rompe los cánones de los tiempos modernos para emparejarse con las potencias del mundo en materia económica, principalmente.

A la doctora Sheinbaum Pardo le espera un gran desafío en la que necesariamente tendrá que enfrentar con unidad, con negociación, con entendimiento. Una mujer que deberá afrontar situaciones que se tornarán difíciles y que irremediablemente, con el asesoramiento de su equipo de trabajo, deberá asumir como la máxima figura política de México.

Lo más importante de este momento histórico es que por más que se hable, se diga y se rumorea que tendrá a su lado siempre, las recomendaciones que le hará al oído cuando sea expresidente López Obrador, nada será igual. Poco a poco la próxima presidenta tendrá que sacar el pecho por delante y erigirse como una persona que tiene no sólo criterio sino el conocimiento y el temperamento para crecer a este país que, por el otro lado, pareciera que se quiebra, por el acaparamiento que el crimen organizado tiene de casi todo el territorio mexicano.

La inseguridad, la violencia, la trata de personas, la migración, la falta de producción del campo, el peligro que representaría de nueva cuenta que ganara la presidencia de los Estados Unidos, Donald Trump, son entre muchos más, las principales afrentas a las que hay que enfrentarse.

Se entiende, por muchas razones, que ahora, en su discurso como presidenta electa oficialmente, se vaya contra el Poder Judicial Federal y los “intimide” a resolver la decisión, también histórica, de que hay que resolver de manera favorable la sobre representación en el Congreso de la Unión. Hoy la presidenta, insistimos, no puede morder la mano de quien le dio de comer, y en el sentido literal, en este caso, de quien la catapultó para pasar a los libros de la historia. Mañana será otro día y será entonces cuando sepamos el verdadero yo, la verdadera capacidad de Claudia Sheinbaum Pardo, cuando tome las riendas de este país que no aguanta más otro sexenio en las penumbras de la violencia y sometido a lo que digan y dispongan los grupos delincuenciales

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