Inegi nos da “atole con el dedo” con ello de que hay satisfacción por la vida
Ahora sí el Instituto Nacional de Estadística y Geografía se voló la barda cuando afirma que en México los hombres están más satisfechos con la vida con respecto a las mujeres. La verdad no sabemos si a la hora de las encuestas que realiza de forma periódica entre los ciudadanos, tuvo la suerte de encontrar a masculinos que seguramente provenían de una fiesta o la habían pasado “muy bien” el día anterior.
A través de los resultados emitidos por el Módulo Básico de Bienestar Autorreportado (Biare Básico), el Inegi resalta que en el mes de julio pasado “el valor promedio de satisfacción con la vida en general de la población adulta masculina fue de 8.4 frente a 8.2 de las mujeres.
En realidad, esta información resulta engañosa no porque los entrevistados no hayan expresado tales resultados, sino porque la percepción de la vida, llámese seguridad, empleo, diversión, recursos y violencia, no están nada bien en la mente de mujeres y hombres.
La situación del país es tramposa con este optimismo que el Inegi refleja en su información dada a conocer a través de los medios de comunicación. Así sea una pequeña diferencia el grado de satisfacción que se mostró, el tema, hoy por hoy, es irrelevante y, sobre todo, incomprensible cuando en millones de hogares los padres de familias luchan a diario por llevar el pan a sus hogares, a sus familias o velan por la seguridad de sus hijos.
Las mujeres jóvenes, principalmente, no dejan de sonreír en casa, pero cuando andan en la calle su preocupación por regresar con bien es contraria a las buenas estadísticas de satisfacción. Sin embargo, habría que aclarar que la encuesta realizada se refiere a los conceptos de relaciones personales, vivienda, actividad u ocupación y logros en la vida, así como perspectivas a futuro y estado de salud.
Sin duda interesante la numerología satisfactoria, que en el papel luce muy bien. Sin embargo, habría que remarcarlo, la realidad es otra. Cierto que el ser humano se acostumbra a las circunstancias que le presenta la vida, pero no siempre anda con la sonrisa a flor de piel pues no falta que no tenga dinero para pagar la renta o para la compra de útiles escolares, como sucedió en semanas atrás por la temporada de regreso a clases.
Ahora bien, acaso lo que señala el Inegi será una copia fiel de lo que pregona el presidente en las mañaneras de que con su gobierno el pueblo anda feliz, feliz. Si esta es la razón, pues en verdad que sí es una gran líder que supo sacarle una sonrisa a los millones de mexicanos.
Pero no nos referimos a los apoyos que se dan desde el gobierno, pieza clave, por cierto, para llevar al triunfo a Claudia Sheinbaum en las pasadas elecciones. El tema es básico porque los valores son hasta cierto punto subjetivos, pero al mismo tiempo, reflejan, según el Inegi, que hay un gran ánimo por ver la vida.
No somos pesimistas, pero la realidad nos dice otra cosa. Ahora sí que, parafraseando al presidente, se tienen otros datos y estos tienen que ver con situaciones que no resuelven de fondo la pobreza. Por doquier, por lo menos en Chiapas, hay inconformidad de maestros que acusan que no les pagan adeudos.
Muchos estudiantes jóvenes se quejan de que en sus salones de clases no hay condiciones para asimilar las materias por circunstancias como el que no tengan agua para los sanitarios, espacios donde el calor es insoportable, y en el mejor de los casos, donde hay aires acondicionados, éstos están descompuestos o antes que echar aire frío, hacen un ruido endemoniado o simplemente no funcionan.
Los hombres y mujeres que consultó el Inegi seguramente viven en las grandes urbes, con solvencia económica. No se les ocurrió visitar localidades donde los problemas de inseguridad y violencia están al día.
La misma capital chiapaneca, San Cristóbal, Palenque o Tapachula, por citar los principales municipios de la entidad, su gente vive con el “Jesús en la boca”. Insistimos, la satisfacción por la vida en estas regiones dista mucho de lo que presume el Instituto.
Quizás nos estemos ensañando con esta visión, pero lo más indicativo es que Chiapas no estuvo presente en estas encuestas ni tampoco Oaxaca, Guerrero, Veracruz o Tabasco. Los encuestadores pudieron estar en lugares específicos como las playas de Veracruz, Cancún o Cozumel, Quintana Roo, o Puerto Escondido, Oaxaca y quizás ahí la vida es placentera.
No pudiéramos decir lo mismo de los jóvenes que viven en Acapulco, Guerrero, donde están apenas saliendo de la devastación que dejó Otis, o en Chalco, en el Estado de México, donde la situación va al día y con agua hasta sus rodillas.
Por ello se aduce que la satisfacción de hombres y mujeres es muy circunstancial y no se hace referencia a que efectivamente este sea un país de hombres y mujeres felices o, mejor dicho, satisfechos con la vida que tienen o que llevan. Lo más seguro es que al propio Inegi le dieron o nos quiere dar “atole con el dedo”.










